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sábado, 21 de marzo de 2020

Milano - Sanremo 1992: Argentin...Argentin...Argentin...Argentin...Argentin... pero al final Kelly

21 de marzo de 1992. Sábado, por supuesto; históricamente el día de la semana de la Milano-Sanremo. Estamos a punto de ver el que tal vez sea el único enfrentamiento directo en la cumbre entre dos de los mejores clasicómanos de los años ochenta (por no decir los dos mejores), aunque curiosamente se produjo entrados en los noventa, en el otoño de sus carreras.

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La Sanremo de este año llegaba con un claro favorito. Y este corredor no era otro que Moreno Argentin. El capitán de ruta de la Ariostea llegaba a la salida en la Piazza del Duomo de la capital lombarda como el hombre a batir, habida cuenta de sus imponentes exhibiciones en la Settimana Ciclistica internazionale (la actual Coppi e Bartali, que de aquellas se disputaba en Sicilia), donde se llevó dos etapas y la general por delante de Zulle, y la Tirreno-Adriático, donde su botín consistió en tres etapas ganadas del tirón. Vamos, que el estado de forma estaba claramente ahí, lo que unido a las cualidades de Argentin como maestro de las clásicas le convertían en el claro aspirante a ganar en Via Aurelia y quitarse la espina de la carrera, donde solo había podido ser 3º en 1982 y 4º en 1990.

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Para acompañar a Moreno, el Ariostea ponía sobre la mesa a toda su constelación de clasicómanos de lujo, comandados por Sorensen, Furlan y un Riis que aún ni soñaba con mutar a gran líder. Casi nada al aparato. ¿En frente? Prácticamente la nada, aunque la Italia ciclista sueña con que Bugno o Chiappucci repitan los sombrerazos de las dos últimas ediciones. Pero el campeón del mundo advierte tras terminar la Tirreno-Adriático: "El único que puede suponer una alternativa a Argentin es Kelly". ¿El casero? No fastidiemos, si está a punto de cumplir 36 años y viene de una temporada aciaga en el PDM, únicamente maquillada en el epílogo del Giro de Lombardía venciendo el sprint a Gayant. Por lo demás, entre los candidatos conviene señalar a los sprinters como Museeuw, Ludwig o Jalabert, si consiguen pasar el Poggio con opciones.

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Lo cierto es que la carrera amanece muy lenta, el clásico paso desde la Lombardía a la Liguria lo hace el pelotón con gran tranquilidad, a excepción del aventurero del día, el modesto corredor del Amore e Vita Fabrizio Convalle, que buscaba repetir el sorpresón de su victoria en Teramo en el Giro 1990. Adquiere hasta 20 minutos de ventaja, pero sus 190 km en solitario (y posteriormente acompañado por Bontempi y Fontanelli durante unos pocos kms) terminan en los alrededores de Laigueglia, donde empiezan los capos (Capo Mele, Capo Cervo, Capo Berta) y la parte más interesante de la Sanremo da el pistoletazo.

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El primer fuego de artificio fue una caída poco antes de afrontar la Cipressa, en la que se vieron involucrados Bugno, Chiappucci e Induráin, que daban por terminadas sus opciones en la jornada de hoy. Más responsabilidad para Argentin, y para sus Ariostea, que hacen un trabajo excelente, comandados por Furlan, en la penúltima subida del día. Alcalá ataca y coge unos cientos de metros de ventaja, incluso Delgado demarra en la cabeza del pelotón, pero los pupilos de Giancarlo Ferretti no se ponen nerviosos, cazan al segoviano y, durante la bajada, hacen lo propio con el mexicano.

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La aproximación al Poggio es nerviosa, como todos los años. El francés Eric Boyer, del Z, arranca unos de los momentos supremos del año (el inicio de la ascensión al Poggio) con unos metros de ventaja, pero en el grupo se empiezan a suceder los ataques. El primero es Ekimov, cuyo ataque solo sirve para acercar al pelotón y preparar el primer ataque de Argentin.

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Su ataque es para probar a los rivales, pero aún es muy pronto y Stefano Colage se le suelda a la rueda. Tras acabar de neutralizar a Boyer, Moreno renueva su ataque, esta vez con más intensidad, pero ahora es Laurent Jalabert quien le neutraliza. Argentin está desatado, lanza su tercer ataque, al que responde Van de Laer. De nuevo, un cuarto ataque que vuelve a responder el joven belga. La subida es un Argentin contra todos, y el de San Donà di Piave está desatado. En este punto ya ha roto el pelotón, pero la presencia del corredor del Tulip es amenazadora, puesto que aún queda bastante subida. Da igual, Moreno ha decidido que hoy es el más fuerte y con un nuevo ataque le revienta y se va en solitario. Por detrás, el recuperado Alcalá comanda la persecución, estupendamente frenado por un Sorensen en labores de gregario. Steven Rooks también ronda los primeros puestos, donde aparece por primera vez el maillot azulado del Festina que porta Kelly.

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Los últimos metros de la subida son un festival de Argentin, que vuela desatado hasta coronar el Poggio. Su máxima ventaja ha superado los 10 segundos, pero en la parte final Fondriest, con el maillot blanco y de arcoiris vertical de lider de la copa del mundo coge el timón del reducido pelotón y empieza a rebajar las diferencias. En cualquier caso, por la cima la diferencia ronda esa distancia de la decena de segundos, lo que debería bastar a 4 kilómetros de meta, de los que casi 3 son en descenso revirado.

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Pero tras hacer una subida impecable, Argentin empieza a descender con demasiadas precauciones. Toma las curvas con mucha parsimonia, y en las rectas no imprime toda la potencia necesaria para mantener las distancias. Por detrás, Kelly ha decidido pasar a la acción y a falta de 3 kilómetros coge el mando del pelotón, siempre seguido de un Sorensen haciendo de secante.

Aunque en los rótulos de televisión informan de que la distancia de la cabeza de carrera es de 15 segundos, las tomas aéreas no engañan: la distancia cada vez es menor, ya no llega a 7 segundos, y Kelly está escapándose del gran grupo tras coger un par de curvas con maestría. Argentin sigue con demasiada sangre fría, sin darse cuenta que su ventaja por detrás se reduce preocupantemente. Ya son solo 5 los segundos que le separan del irlandés...

Pero por fin, aparece de nuevo Via Aurelia. Termina la sofocante bajada para Argentin, quedan poco más de 1000 metros para la llegada; de hecho, ya se ve el triangulo rojo en la cercanía. Un pequeño esfuerzo más y el líder del Ariostea habrá completado una magnífica exhibición de fuerza.

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De repente, Argentin se gira para comprobar su ventaja... y de la nada aparece Kelly. Autor de una bajada prodigiosa, acaba de contactar con el italiano. Sean es perro viejo, y no se pone nervioso, pese a ser teóricamente el más rápido en el sprint. Se queda a rueda, ralentiza, descansa y recupera fuerzas. Argentin duda si seguir tirando o frenar para pasarle la responsabilidad al líder del Festina, pero tras unos momentos de indecisión decide seguir tirando. La meta ya está a muy pocos metros, el pelotón de unos treinta hombres, pese a no haber ningún equipo organizado en la caza, está muy cerca, y Argentin juzga que su única oportunidad de lograr la gloria que tanto se ha merecido hoy es mantener un ritmo razonablemente alto.

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A menos de 200 metros Kelly, que hasta el momento había cedido toda la presión y responsabilidad a Argentin, decide lanzar el sprint. Moreno lo ve perfectamente por el rabillo del ojo, reacciona con presteza y, haciendo honor a su apodo ("il furbo") se va echando hacia el lado de Kelly, lo que obliga al irlandés a tener que pegar un bandazo para superarle. Pero para el favorito del día es inútil. Pese a no ser precisamente lento al sprint, Kelly es aún más rápido y ha sabido manejar sus cartas a la perfección. Vence sobre Argentin, llegando el grupo encabezado por Museeuw a 3 segundos.

La decepción de Moreno es grande; era el máximo favorito, su equipo ha hecho un trabajo fantástico, él ha hecho una exhibición en el Poggio atacando una, dos, tres, cuatro y hasta cinco veces, desarbolando a todo el pelotón y adquiriendo una renta sustanciosa... pero una mala bajada le ha condenado. La Sanremo del 92, la Sanremo de Argentin, finalmente no será suya, sino de Kelly.

jueves, 25 de julio de 2013

Vuelta a España 1987: La cima del ciclismo colombiano

  
Nairo Quintana
En estos tiempos en los que se habla del resurgir del ciclismo colombiano, espoleado por los segundos puestos en el podio del Giro de Italia (por parte de Rigoberto Uran) y del Tour de Francia (por parte de Nairo Quintana), junto con los buenos resultados que en numerosas carreras están obteniendo los dos ciclistas citados y otros compatriotas (los Betancur, Henao, Duarte, Atapuma, etc), conviene recordar cuál fue el momento en el que se alcanzó la cima del ciclismo colombiano, el momento más alto en su andadura por Europa, la meca de este deporte.

"Cochise" Rodríguez
Si bien los llamados "escarabajos" tuvieron un primer gran representante en Europa con el pionero "Cochise" Rodriguez, que vistió el mítico azul Bianchi, fue en los ochenta cuando irrumpieron con fuerza en el ciclismo europeo, provocando una revolución como no se había visto antes. El primer aviso llegó en el Tour del Porvenir de 1980, donde Alfonso Florez ganaba al soviétivo Soukho, por entonces el dominador total del campo amateur. Tres años después debutaba un equipo colombiano en el Tour de Francia. Los llevaron para ser la atracción exótica, pero demostraron que, pese a estar verdes en muchos aspectos, cuando llegaban las grandes montañas muy pocos europeos podían seguirlos. Una avalancha estaba a punto de llegar. Al año siguiente repitieron en el Tour y esta vez iban comandados por el hombre que iba a capitalizar el torrente colombiano. Luis "Lucho" Herrera, el "jardinerito de Fusagasugá", sembró el terror en los colosos franceses.
Alfonso Flórez
Ganó en Alpe D´Huez y el ciclismo europeo empezó a disfrutar y a temer a los colombianos. Al año siguiente ganó dos etapas, a sumar a la que ganó su lugarteniente Fabio Parra. La amenaza era tal que se comentaba que el ganador del Tour, Hinault, había pactado con los colombianos para que no amenazaran su maillot amarillo. Ese mismo año otro compatriota, Pacho Rodriguez, era podio en la Vuelta a España, habiendo tenido opciones muy reales de ganar la carrera.


Finalmente, tras un 1986 en el que los colombianos no brillaron tanto, llegamos a 1987, concretamente a Benidorm, donde el 23 de abril arrancaba una Vuelta a España en la que tomaban la salida dos equipos colombianos, el Café de Colombia y el Ryalcao Postobón.

Álvaro Pino
Antes de que comenzara la carrera, la organización recibió el primer shock: el vigente ganador, Pino, no tomaría la salida por tendinitis. Un duro golpe para el gallego y para el Zor de Mínguez, un super equipo con corredores como Pacho Rodriguez o Fuerte pero que se quedaba sin su líder natural y con dudas sobre sus lugartenientes, por uno u otro motivo (Pacho no había vuelto a recuperar el nivel del 85, Fuerte era aún demasiado joven).

Cartel de la Vuelta 1987
Así pues, los favoritos de la carrera española volvían a ser los de 12 meses antes: Kelly y Fignon. Para poner como candidato al irlandés se utilizaba el argumento opuesto al que se dio en 1986. Si el año anterior llegaba tras arrasar en la primavera, en 1987 había fallado en las clásicas, por lo que se decía que en España tenía una revalida y aprovecharía para desquitarse. Por su parte, el parisino no había arrancado mal del todo el 1987, y se esperaba que pudiera ser el comienzo de su recuperación tras los dos años nefastos que llevaba debido a las lesiones.

Jean Luc Vandenbroucke
El prólogo tuvo lugar en Benidorm, donde venció Jean Luc Vandenbroucke (el tío de Frank), como ya había hecho en el mismo escenario hace unos meses, durante la Vuelta a Valencia. Al día siguiente su compañero Kelly cogió el liderato gracias a los segundos que ganó en un sprint intermedio bonificado, pese a que había dicho que no iba a desgastarse buscando dichas bonificaciones. En realidad, Kelly estaba como loco por conseguir esos segundos, y fue modificando su discurso para decir que solo se metería en esos sprints si veía a rivales de la general disputandolos.

Roberto Pagnin
Pagnin también se aprovechó de los sprints bonificados para quitarle el maillot a Kelly al siguiente día, pero el irlandés recuperaría el primer puesto en la crono de Valencia, donde asestaría un duro golpe a sus adversarios, pues demostró ganando la etapa que se encontraba en buena forma. Los mejores entre sus rivales eran dos contrarrelojistas españoles, Blanco Villar y Gorospe. Del gallego se dudaba si podría superar la montaña, aunque el hecho de que su compañero Dietzen también hiciera una buena crono permitía a Teka contar con un dúo de líderes poderoso. Gorospe, que ya en aquellos tiempos (4 años después del mazazo de Hinault en Serranillos) era considerado la eterna promesa del ciclismo español, permanecía a la espera de pasar la reválida de la montaña y comprobar si su rendimiento estaría por fin a la altura de su talento.

Henri Abadie
El día antes de la montaña pirenaica, en una etapa ondulada con final en Barcelona, Pagnin recuperaba el liderato al finalizar con éxito una fuga en compañía del francés Abadie (esta pareja sería famosa a lo largo de la Vuelta merced a la enorme cantidad de kilómetros que se hicieron escapados). Pero en el primer contacto con la montaña, la etapa andorrana con final en Grau Roig, se demostró lo que iba a ser esta Vuelta 87. Pese a que ganó un español, el corredor del modesto Zahor Ibañez Loyo (antiguo campeón de España), los colombianos coparon los primeros puestos de la etapa, comandados por un imperial Herrera que se fue del grupo de los favoritos cuando quiso. En cualquier caso, el "Jardinerito" solo pudo ser tercero, pues fue batido en el sprint por el segundo puesto por un Belda que también hizo una gran ascensión.

Jesús Ibañez Loyo
A menos de 20 segundos de ellos entró el grupito con Cubino (el jovencísimo bejarano presentaba en sociedad su fenomenal estilo al escalar), Arroyo (otro que parecía salir del túnel en el que llevaba 2 años debido a sus famosas fiebres de malta) o Delgado. Kelly, Gorospe y Dietzen llegaban en un numeroso grupo a menos de un minuto, y el irlandés recuperaba el amarillo. Los derrotados de la jornada eran Fignon (aquejado de un catarro, se venía rumoreando durante varios días con su abandono, pero pese a perder tiempo en Grau Roig, su pundonor le hizo aguantar en carrera) o Cabestany, que era el favorito que salía peor parado de la jornada, sin duda aciaga para los Caja Rural porque Lejarreta tampoco tenía un buen día. El primer contacto con las cumbres nos dejaba a Kelly de amarillo (pero habiendo demostrado una vez más sus flaquezas en la alta montaña), a un heterogéneo grupo de españoles (con ciclistas como Gorospe, Delgado o Arroyo) preparados para asaltar el primer puesto, con Dietzen amenazador, con Herrera que pegaba un salto enorme en la general y desmentía el rumor de que había venido exclusivamente a rodarse para el Tour, y con Fignon prácticamente sin opciones a la victoria.

Laudelino Cubino
Al día siguiente Cerler se presentaba en la Vuelta a España. Durante aquellos años (últimos ochenta y primeros noventa) la montaña aragonesa fue sinónimo de buen ciclismo, algo que con el paso de los años se ha perdido en gran parte. La etapa en cuestión fue movida desde el principio, puesto que el Cantó se subió a toda velocidad, provocando cortes en los que favoritos como Perico quedaban relegados, aunque finalmente hubo reagrupamiento. Otro de los damnificados fue Gorospe, que se cayó nada más darse la salida y estuvo todo el día a contrapié, pese a lo cual salvó los muebles razonablemente bien. El gran animador de la jornada fue Arroyo. El abulense se volvía a encontrar como en sus grandes tiempos y jugó a ganador, atacando con Miguel Induráin para alcanzar a la escapada del día. El trabajo del navarro fue excelente, pero a Arroyo le tocó trabajar en el inicio de la subida final, con lo que posteriormente pagó las consecuencias. Cuando los escapados del día fueron cazados, saltó el colombiano Morales, preparando el terreno para su jefe de filas, Herrera. A partir de ahí llegó la bellísima lucha entre tres magníficos escaladores: Belda, Herrera y Cubino se pasaron los últimos kilómetros atacándose entre ellos, en una batalla de la que se erigió vencedor el joven bejarano, que consiguió ganar esta disputa entre 3 corredores que bien podían representar el pasado (Belda), el presente (Herrrera) y el futuro (Cubino) de la estirpe de los escaladores. Si bien la revelación del BH ganaba con 10 segundos de ventaja sobre sus dos rivales, por detrás la emoción estuvo presente durante toda la ascensión, pues Kelly perdió muy pronto contacto con los mejores y se pasó la subida entera a remolque y tratando de minimizar las pérdidas. Para ello contó con unos lugartenientes (Gastón y Da Silva) que estuvieron soberbios. Pese a todo, finalmente el irlandés se dejó 2 minutos en lo alto. Curioso el destino, que hizo al año siguiente que en el mismo escenario oscense las alegrías se tornaran lágrimas (y viceversa) para Kelly y Cubino. Así pues, Dietzen recogía el liderato con tan solo 2 segundos de ventaja sobre Kelly, mientras que Delgado (que cruzó la meta con el alemán a 42 segundos de Cubino) y Gorospe (que llegó con Kelly pese a sus heridas) pasaban a ser los estiletes españoles. El hundimiento del día era para el equipo Caja Rural, con Cabestany perdiendo 6 minutos y Lejarreta cerca del cierre de control (que hubo de ser ampliado por la dureza que hubo en toda la jornada). Fignon seguía quemando etapas sin perder del todo el tren de la general (llegó entre los grupos de Dietzen y Kelly) y Herrera continuaba escalando puestos, colocándose cuarto a 49 segundos.

Iñaki Gastón
Las dos etapas entre Pirineos y el sistema cantábrico sirvieron para que dos españoles se anotaran triunfos parciales, aunque de diversa forma. Gastón ganaba en un tradicional feudo de sprinters, Zaragoza, merced a un excepcional ataque en el último kilómetro de la etapa que desarboló la llegada masiva, mientras que el veterano Yañez ganaba en Pamplona gracias a un ataque lejano que fue consentido por el pelotón (aunque posteriormente le fue retirada la victoria por dar positivo).

Enrique Aja
Grupo agrupado subiendo Alto Campoo

Y llegó la montaña cántabra y los cielos se desplomaron sobre los corredores. Todo el buen tiempo que había hecho los días anteriores (incluidos Pirineos) desapareció de la noche a la mañana. En la etapa de Alto Campoo cayeron chuzos de punta, incluso nevó. Así pues, los ciclistas decidieron que no era un día para jugar a ser valientes y no hubo lucha en el durísimo puerto del Escudo. En la subida final, muy tendida, solo Arroyo quiso ser atrevido, pero la floja pendiente no permitía irse a nadie. Además, Blanco Villar se comportó como un escudero de lujo de Dietzen, con lo que todos los favoritos llegaron agrupados, por detrás del ganador de etapa, Aja, y de Nijboer. Enrique Aja daba al Teka un nuevo triunfo casero, así que la jornada era redonda para los hombres dirigidos por González Linares.

"Lucho" Herrera escalando los Lagos
Sin embargo, al día siguiente el escenario cambió por completo en los Lagos de Covadonga. "Lucho" Herrera realizó una exhibición, pues atacó a mitad de subida y nadie consiguió ni alcanzarle ni minimizar las pérdidas. Llegó a meta con 1:26 sobre el segundo, un Belda que estaba teniendo una excepcional actuación en la montaña de esta edición. Junto a Belda entró un Kelly que estuvo sobresaliente. Realizó una ascensión en progresión, dejando ir primero a los escaladores como Herrera, Belda y Vargas, permaneció junto al líder Dietzen (ayudado un día más por un enorme Blanco Villar), pero cuando vio que el ritmo de los Teka no era suficiente, tiró hacia adelante junto a un Arroyo que finalmente se desinfló, llegando hasta la altura de Belda y tirando de él en las zonas favorables, sin duda consciente de la amenaza que representaba Herrera.

Puesto que Dietzen se dejó casi dos minutos, el nuevo líder pasaba a ser el jefe de filas de Café de Colombia, aclamado por todo el mundo al finalizar la jornada como el mejor escalador del mundo. Nadie le había podido seguir y su ritmo había sido infinitamente superior al de los demás. En el capítulo de derrotados del día, además del alemán, se incluyen tanto Delgado (que se descolgó muy pronto y perdió todas sus opciones) como Gorospe (que sufrió un descalabro aún mayor debido a sus problemas físicos). Todo el mundo consideraba a Kelly como el indiscutible favorito. Por fin había conseguido realizar una gran actuación, nada menos que en el máximo exponente de la alta montaña española de los años ochenta, y tenía a todos sus rivales por detrás en la general, a excepción de un Herrera del que se esperaba un naufragio en la crono de Valladolid, próximo test importante de la carrera.  Dietzen estaba cerca del irlandés, pero había demostrado menos que Kelly tanto en crono como en montaña. Los siguientes en la general, Vargas y Belda, estaban ya muy lejos, y se esperaba que tras Valladolid lo estuvieran aún más.

Pero hasta Valladolid la Vuelta se introdujo en un periplo por tierras asturianas y gallegas que podían haber servido para desgastar al líder Herrera y a sus compatriotas colombianos (ya se veía claramente que el Postobon podía ser un apoyo del Café de Colombia en caso de que "Lucho" lo necesitara). En vez de eso, la Vuelta entró en una espiral de sopor y la lucha por la clasificación general sufrió un adormecimiento que amenazó con eliminar el interés por la carrera. Fueron seis etapa en las que no hubo lucha entre los grandes. Ni los Teka, que posiblemente contaban con el equipo más fuerte, ni los Kas, que estaban contentos con la situación, movieron con insistencia la carrera. En lugar de ello, propiciaron escapadas que permitían repartir los triunfos de etapa entre varios equipos y conformaban a los modestos. El único que parecía con rabia estos días era Fignon, que pese a haber sufrido en las etapas de montaña aún no estaba tan lejos en la general y aprovechó la etapa de Ferrol para unirse a una fuga postrera (con la etapa ya decidida entre los escapados del día) y rebañar un minuto a los favoritos. Además de este hecho, el francés empezó a luchar por las bonificaciones, por lo que en el pensamiento colectivo se daba por hecho que el parisino estaba recuperado de sus dolencias y que llegaba fuerte al final de la Vuelta. Un final en el que, habida cuenta de la falta de un liderazgo claro en las llegadas montañosas hasta la fecha (Grau Roig, Cerler, Alto Campoo y Lagos de Covadonga), todo podía pasar. Terreno había en los 4 días sucesivos que se encadenaban desde la crono de Valladolid, con la citada prueba en solitario, la etapa de la Sierra de Ávila y dos etapas por la Sierra de Madrid.

Jesús Blanco Villar
Pero llegó la contrarreloj y se mantuvo a grandes rasgos el "statu quo" de la carrera. Kelly no pudo ganar la etapa, que fue para un inmenso Blanco Villar, pero recuperó el liderato. Ésa fue la primera sorpresa del día, pero hubo más. Cuando todos esperaban la debacle de Herrera, el colombiano hizo una digna crono, perdiendo 1 minutos y 21 segundos con el irlandés y solo bajó al segundo puesto de la general. Tras pasar el terreno más desfavorable para él, se encontraba a 42 segundos del liderato. Dietzen se quedó unos segundos por detrás de él. Belda naufragaba y dejaba el puesto de mejor español en la general a Delgado, que estaba empatado con el colombiano Vargas en el cuarto puesto de la general, pero a un mundo de Kelly (3 minutos y 39 segundos). A falta de la ración montañosa con la que se despedía la Vuelta, solo Kelly, Herrera y Dietzen contaban con opciones reales de ganar si no se producía una situación insólita como la de la Vuelta 85. Kelly tenía a su favor el puñado de segundos de ventaja con el que contaba, y las buenas sensaciones que dio en los Lagos de Covadonga. Herrera había sido el mejor escalador de la carrera hasta el momento, y tenía que recortar menos de un minuto al irlandés en 3 etapas favorables para él. Dietzen tenía que recuperar terreno tanto a Herrera como a Kelly, pero también tenía cerca en la general a su compañero Blanco Villar, con lo que el Teka podía jugar con las tácticas de equipo. El perdedor del día era Fignon, ya que el parisino defraudó las expectativas que se tenían sobre él tras ver su forma los días anteriores, siendo 14º de la etapa, quedando 11º de la general a más de 5 minutos.

Kelly a punto de abandonar
Pero si ésta era la situación previa a la etapa más importante de esta edición de la carrera, la que concluía en el velódromo Adolfo Suarez de Ávila, todo saltó por los aires al inicio de esa jornada. En el kilómetro 14 se daba la noticia que se venía rumoreando en los círculos periodísticos más afines al equipo Kas (los medios de comunicación vascos) pero que nadie se atrevía a confirmar. El líder de la carrera, Sean Kelly, tenía un forúnculo del que había sido operado unos días antes y cuyos dolores le impedían continuar en la carrera. Nada menos que el maillot amarillo se retiraba, lo que dejaba la carrera sin el patrón que desde la salida en Benidorm era unánimemente considerado máximo favorito. "Lucho" pasaba a ser el lider virtual, con Dietzen a un puñado de segundos. El alemán vio la estrategia clara, y se dedicó a buscar todos los segundos de bonificación posibles en los sprints intermedios. Eso hizo que el líder Herrera tuviera que adoptar una actitud ofensiva. Y así fue como en el encadenado final (Pedro Bernardo, Serranillos y Navalmoral) la carrera entró en una espiral de emoción. En el primero de los 3 puertos atacó Lejarreta, único puntal del Caja Rural toda vez que su compañero Cabestany se había retirado unos kilómetros antes. Tras un cortísimo descenso se inició Serranillos, y el puerto abulense no defraudó. El escenario de la machada de Hinault en el 83 iba a ser de nuevo protagonista de momentos claves en esta Vuelta 1987.
Fignon entrando vencedor en Ávila
A un ataque de Fignon le dio rápida continuidad "Lucho" Herrera. La carrera ya estaba loca, y de ello se iba a aprovechar Herrera para cimentar el mayor éxito del ciclismo colombiano. El ritmo solo lo siguen un puñado de escogidos, entre los que están Vargas, Delgado, Portillo y Cubino. Alcanzan a los fugados Omar Hernández y Abadie. Un poco más adelante dan caza a Marino Lejarreta, convirtiéndose en cabeza de carrera. Los últimos metros de Serranillos se hacen terribles por el ritmo que imprime Omar Hernández, al que solo pueden seguir Herrera y Fignon, con Delgado y Lejarreta que cruzan la pancarta a unos segundos. Nada más coronar Fignon pone la directa y se marcha, mientras el resto del pelotón cabecero se reagrupa. Dietzen conjura momentáneamente el peligro que la escapada de Herrera había provocado. Pero no será por mucho tiempo. Navalmoral, un puerto de rampas tendidas, es donde Herrera, preocupado por la ventaja de Fignon y por la compañía de Dietzen, da la clase magistral con la que cerrar la Vuelta 1987.
Herrera entra en Ávila dando un mazazo a la general
Ataca y nadie es capaz de seguirlo. Tras coronar, se pone en persecución de Fignon y, aunque se dejará en meta más de un minuto con el parisino, también consigue otro minuto de ventaja sobre el grupo de los demás favoritos. En un final un tanto caótico (Fignon casi se mete al velódromo por la desviación de los vehículos, Herrera está a punto de ser atropellado por un coche al empezar la segunda vuelta al anillo), los dos hombres culminan una gran exhibición que les reporta importantes beneficios.
Los dos triunfadores del día
El francés consigue una victoria de mucho tronío y (autor de una espectacular remontada) se coloca tercero de la general. El "jardinerito de Fusagasugá" troca su maillot rojo de mejor escalador por el amarillo de líder de la general. Una clasificación que pasa a comandar con un minuto sobre Dietzen y más de 3 minutos sobre Fignon, Delgado y Vargas, que parece que se jugarán el tercer puesto del podio (un puesto que finalmente se llevaría el parisino).

Perico Delgado intentando un último ataque sobre Herrera
Aunque quedan dos etapas de montaña por la serranía madrileña, los grandes momentos de la Vuelta 87 ya han tenido lugar, con la culminación en Ávila. Al día siguiente el menú incluye 7 puertos hasta llegar a las Destilerías DYC, con el trío final Abantos, la Mina y Navacerrada. Los equipos colombianos (Ryalcao Postobon y Café de Colombia) bloquean la carrera y, pese a los ataques de Delgado, Cubino o Gastón en Navacerrada, es el colombiano de Postobon Omar Hernández el que corona el último puerto del día en cabeza y se impone en meta. Herrera tiene la situación controlada y, al día siguiente, última jornada montañosa de la carrera, tan solo se registra la gran victoria de Pacho Rodriguez, el colombiano de BH que endulza la jornada a su equipo, que recibía en el mismo día el golpe de la baja de Cubino, una de las revelaciones de esta edición. Era la cuarta victoria de etapa para el país sudamericano, a las que había que sumar la general de la montaña para Herrera y la clasificación por equipos para Ryalcao Postobon. Por supuesto, todo eso eran las guindas que coronaban la gran victoria en la general de Herrera, primera (y única hasta ahora) de un sudamericano en una Gran Vuelta. A "Lucho" le escoltaban entre los 10 primeros Oscar Vargas (5º), Henry Cardenas (9º) y Omar Hernández (10º). Todo un éxito que se refrendaría al día siguiente en el madrileño Paseo de la Castellana.
"Lucho" Herrera se corona vencedor en Madrid
Tras el enorme éxito que supuso para Colombia la Vuelta a España 1987, se pensaba que los conocidos como "escarabajos" habían llegado para dominar el ciclismo a partir de su superioridad en las cumbres. Herrera redondeó su gran año con un quinto puesto en el Tour de Francia, venciendo por segunda vez la general de la montaña. Para el año siguiente, después de ganar la Dauphiné Liberé, la prensa francesa daba a "Lucho" como el máximo favorito para la victoria en París, con la que se culminaría la ascensión del ciclismo colombiano a los cielos. Lo que se ignoraba en aquél momento es que dicha ascensión ya había tocado techo, y había sido un año antes, en aquella tarde de mayo en el Paseo de la Castellana de Madrid. Herrera solo pudo ser sexto en aquél Tour de 1988, y Colombia ya había empezado la cuesta abajo. Una cuesta abajo que, debido a que tenía una pendiente muy ligera, aún no se detectaba. Más aún debido a que Fabio Parra, el lugarteniente de Herrera, madurado y habiendo volado libre al equipo Kelme, mantenía los buenos resultados consiguiendo ser podio en el Tour 1988, disputando hasta el último metro la victoria de la Vuelta 1989 a Perico Delgado y consiguiendo mantenerse cuatro años seguidos entre los 5 primeros de la ronda española.

Fabio Parra
Pero "Lucho" ya no volvió a tener una oportunidad tan propicia como en aquella Vuelta 1987. Siguió manteniendo la magia, puesto que tanto en 1989 como en 1992, sus dos únicas participaciones en el Giro, consiguió triunfos de etapa, y en 1991 volvió a dejar su perfume de fino escalador en la Vuelta a España, venciendo a la campeón de nuevo en los Lagos de Covadonga. Pero a su ligero motor ya no le quedaba mucha más gasolina. Cuando tanto "Lucho" como Fabio Parra se retiraron a finales de 1992, los sucesores (los Mejía, Farfán, etc) no consiguieron mantener el nivel y la pendiente cuesta abajo de repente se hizo muy abrupta. Las montañas europeas, que durante la segunda mitad de los años ochenta habían sido dominadas por los colombianos, se quedaron sin ellos. Tan solo algún destello individual se mantuvo, pero el dominio se había acabado por completo. El ejercito colombiano se retiraba al otro lado del océano, tras haber estado a punto de derrumbar las murallas del vetusto ciclismo europeo, pero habiéndose quedado sin conseguirlo.

Ahora, más de 25 años después de aquellas batallas, parece que las nuevas generaciones de escarabajos llegan con muchas fuerzas. ¿Conseguirán superar lo que lograron sus antecesores? En los ochenta consiguieron dominar las montañas, se impusieron en muchas etapas, monopolizaron las clasificaciones de mejores escaladores, obtuvieron podio tanto en la Vuelta como en el Tour, pero solo ganaron una Grande de 3 semanas, la Vuelta 1987. La más alta cima, el maillot amarillo del Tour en Paris, aún no ha sido escalado. Solo el tiempo dirá si esta nueva generación conseguirá superar el último reto.

viernes, 1 de febrero de 2013

Vuelta a España 1986: El triunfo del pundonor

La Vuelta 1986 nació con dos grandes favoritos. Por un lado, Sean Kelly, el dominador sin discusión de la temporada hasta ese momento. Su arranque de año había sido prodigioso, ganando la Sanremo, Paris-Roubaix, la Vuelta al País Vasco y, por supuesto, "su" Paris-Niza. Además, había sido segundo en el Tour de Flandes. Poco más se podía pedir a una primavera, pero Kelly era insaciable y quería demostrar que también podía con las vueltas de 3 semanas. Por otro lado, Laurent Fignon, el antiguo ganador del Tour en 1983 y 1984, que tras pasar un nefasto 1985 debido a las lesiones parecía que volvía a reencontrarse consigo mismo, tras vencer en gran campeón la Flecha Valona. Si el lider del equipo System U (que corrió la Vuelta bajo el patrocinio de Pegaso) recuperaba un nivel cercano al de dos años atrás, la opinión general es que nadie podría hacerle frente.

Y la Vuelta arrancó con un prólogo y una etapa en línea que se desarrollaban en la isla de Mallorca. En el prólogo Thierry Marie (especialista en esta disciplina) no falló y se puso de lider. Pero el System U no estaba dispuesto a defender ese liderato y al día siguiente una cabalgada del galo Marc Gómez, del Reynolds, le dió la etapa y el liderato. Gómez aguantó el primer puesto en las 3 etapas siguientes, que se resolvieron en sprints, con un balance de dos victorias españolas (algo excepcional en aquella época cuando de llegadas masivas se trataba) a cargo de Manuel Jorge Domínguez y Alfonso Gutiérrez, y una victoria extranjera que obtuvo Eddy Planckaert.

Pero con la llegada de las primeras dificultades montañosas (los puertos de la Sía y Alisas en la etapa de Santander) se produjeron los primeros escarceos con relevancia para la clasificación general. Kelly decidió apostar por un ataque valiente en el descenso del Portillo de la Sía y se marchó junto a dos Teka (Aja y Chozas), que corrían en la tierra del patrocinador y querían reventar la carrera. La escapada fue finalmente reducida, pero el equipo cántabro acabó consiguiendo sus objetivos merced a un ataque postrero del gallego Blanco Villar que le reportó la etapa y el liderato.

Al día siguiente, primer final en alto de la carrera, en los Lagos de Covadonga. El primero de los grandes en dar la cara fue Lejarreta, que impuso un fuerte ritmo a mitad de subida que acusaron tanto el lider Blanco Villar como los dos grandes favoritos, Kelly y Fignon. Posteriormente el escocés Robert Millar tomó el mando de los acontecimientos y a base de tirones se acabó quedando solo en cabeza, para vencer con un puñado de segundos sobre Dietzen, Delgado y Pino. Tras la enorme decepción que se llevó el año anterior, el británico demostraba que venía con muchas ganas de vengarse de lo sucedido 12 meses antes.

Tras otra etapa de transición que condujo al pelotón hasta Oviedo se disputó la cronoescalada al Naranco, un puerto corto situado a las afueras de la capital asturiana. Lejarreta sacó toda su clase para imponerse por un suspiro sobre el favorito Kelly, que no estaba pudiendo demostrar la gran forma que se le presuponía. Millar resistió el liderato conquistado en los Lagos, pero Pino se le acercó peligrosamente gracias a un sorprendente tercer puesto, ya que Delgado fallaba y perdía el segundo puesto de la general que tenía hasta entonces.

En la estación de esquí de San Isidro tan solo se produjo el hecho reseñable de la exhibición de Mottet, gregario de Fignon, que ganó merced a una escapada lejana, desarbolando a todos sus compañeros de fuga, el último de ellos el lider de la montaña, Laguía. El grupo de los favoritos llegó agrupado merced a las débiles pendientes del puerto final. Pese a ello, Kelly y Fignon volvieron a naufragar y parecía claro que sus opciones de ganar prácticamente se habían esfumado. Millar tenía el liderato muy bien atado, pero las diferencias entre los primeros aún eran mínimas y todo estaba aún en el aire.

Sin descanso, volvió a haber batalla en la siguiente etapa, camino de Palencia. Los abanicos fueron aprovechados por Fignon y Kelly para eliminar rivales como Parra, Dietzen o Mottet, que perdían casi 4 minutos. Si en la montaña no estás al mismo nivel de fuerzas que tus adversarios, utiliza otras artes de la competición, debieron pensar ambos. Kelly no desaprovechó la oportunidad y se anotó su primer parcial de esta edición.

Al día siguiente, la crono más larga de la carrera, 29 kms en Valladolid. Mottet sacó toda la clase que se le supone al ganador del Gran Premio de las Naciones del año anterior y se impuso con suficiencia, por delante de un sorprendente Dietzen y del favorito Kelly, que definitivamente no estaba a un nivel adecuado para ganar la carrera. Pino seguía recortando segundos a Millar cada vez que había una prueba contra el reloj, y le daba la vuelta a la general, alcanzando el liderato con una renta de 33 segundos sobre el escocés. Delgado y Lejarreta se quedaban como las únicas alternativas al dúo que comandaba la general.

La etapa segoviana, trascendental el año anterior, solo sirvió para que Dietzen se reivindicara, venciendo el sprint de un grupito que consiguió llegar con ventaja sobre el pelotón. Si no hubiera sido por los abanicos de Palencia el alemán sería en ese momento el lider de la general, merced a su regularidad, sin grandes estridencias pero manteniéndose siempre en los primeros puestos tanto en montaña como en contrarreloj. El lider del Teka representaba lo que actualmente se denominaría un corredor diesel.

En la etapa de la sierra madrileña se estrenaba Abantos, y allí Pino estuvo soberbio, marcando el ritmo y continuando el trabajo de destrozo que habían comenzado los Pegaso atacando en el avituallamiento. En el alto de la Mina solo Parra, Millar y Madiot resistían al lider gallego, pero finalmente por detrás apretaron los descolgados y el grupo de los mejores llegó agrupado a meta, donde Kelly no tuvo problemas en lograr su segunda victoria de etapa.

Las tres siguientes jornadas supusieron días de transición que aprovecharon los valientes del pelotón para que cuajaran escapadas en las que se impusieron Recio, Egiarte y Bondue. Todos esperaban la 17ª etapa, con final en Sierra Nevada, última llegada en alto de la carrera. Millar se había mostrado el más fuerte en montaña, pero Pino estaba resultando muy superior en la contrareloj. Habida cuenta de que el último día los corredores tendrían que enfrentarse con una crono de 22 kms en Jerez de la Frontera, el escocés debía dar el todo por el todo para doblegar al gallego de Ponteareas.


Y en la etapa de Sierra Nevada pasaron muchas cosas pero pocas nuevas. Ganó de nuevo Yáñez, como la otra ocasión en que la Vuelta había subido al coloso andaluz (en 1979, aunque solo se llegó a Pradollano), gracias a una escapada lejana en la que acabó doblegando al colombiano Patrocinio Jiménez. Volvió a atacar Millar, volvió a demostrar su fortaleza Pino. Los que sí fallaron fueron Delgado y Lejarreta. El segoviano no se estaba encontrando a gusto los días precedentes y lo notó desde el inicio de la interminable ascensión a Sierra Nevada. Se quedó cuando faltaban muchos kilómetros para llegar a meta, y acabó perdiendo casi 8 minutos. Lejarreta aguantó mucho más en el grupo de los favoritos, pero cuando finalmente se quedó estaba reventado y perdió más de 4 minutos en meta. Mientras tanto, los dos primeros de la general jugaron al gato y al ratón. Millar sabía que necesitaba un ataque a la desesperada, y demarró a nada menos que 15 kms para meta. Vio que nadie era capaz de seguirle, así que decidió que ése era el ataque bueno y tiró para arriba sin mirar atrás. Llegó a tener casi un minuto de ventaja, era líder virtual. Por detrás, Anselmo Fuerte se convirtió en el ángel de la guarda de Pino. Mantuvo la diferencia por debajo del minuto hasta que quedaban pocos kilómetros a meta. En ese momento Fignon se encontró bien y tensó el grupo. Eran los peores momentos de Pino, a cola del reducido grupo de perseguidores y viendo como Millar marchaba muy por delante. Pero en ese momento sacó su proverbial pundonor, encontró fuerzas donde parecía que no le quedaban, se puso en cabeza del grupo y fue reventando a los Winnen, Fignon o Dietzen. Finalmente se quedó solo con Kelly. La estampa del maillot amarillo y el maillot verde (el irlandés dominaba la clasificación de la regularidad) juntos era de una gran plasticidad, junto con la emotividad de la importancia de lo que se estaban jugando en persecución del líder de la montaña. Rodaron en armonía varios kilómetros, con Pino tirando del dúo todo el rato, hasta que pasado Pradollano el irlandés dijo basta y, extenuado, dejó marchar al gallego. El ritmo de Pino era en ese momento endiablado, pues estaba viendo que podía darle la vuelta a la complicada situación que le había planteado Millar. Por fin, a pocos kilómetros para alcanzar la meta y jaleado por Javier Mínguez (su director deportivo), Pino da caza a Millar. Intenta un tímido ataque pero el escocés aguanta bien, por lo que llegan a meta juntos, dejando al resto de candidatos a la victoria final sin opciones más que para buscar el último escalón del podio. En lo que respecta a su duelo particular, Pino conservó más de medio minuto de ventaja, que todo parecía indicar que sería suficiente para conquistar el último maillot amarillo.

En las etapas siguientes todos decidieron guardar fuerzas, aunque en el caso de Millar no fueron todo lo plácidas que hubiera deseado merced a un abanico que le cogió en fuera de juego en la etapa con llegada a Puerto Real. El Panasonic tuvo que trabajar durante muchos kilómetros, y finalmente todo quedó en un susto merced a la ayuda del Orbea, obligado porque sus líderes Lejarreta y Cabestany también se habían quedado retrasados en el segundo grupo.

El último gran puerto de la carrera, Las Palomas, se pasó sin que hubiera batalla merced a un acuerdo de los corredores. La justificación fue el mal estado de las carreteras, la dureza acumulada y el viento de cara que soplaba ese día. Lo cierto es que tras tantos días luchando, decidieron tomarse un día de descanso por su cuenta. La que pudo ser la última ocasión de Millar pasó sin que nadie se moviera, aunque en el ambiente general todos pensaban que Pino estaba suficientemente fuerte como para resistir cualquier ataque. Era sin duda el ganador virtual, pero debía refrendarlo el último día, en la crono de Jerez.

Y ese día sin duda lo refrendó. Ganó la etapa por delante de un motivadísimo Fignon, que no quería irse de vacío de esta Vuelta. Por supuesto, consiguió aún más diferencia con Millar, superando la barrera del minuto en la general final. El gallego había conseguido la victoria más grande de su carrera deportiva, hasta el momento magra de victorias de relumbrón más allá de una victoria de etapa en la Vuelta 1981, cuando era neoprofesional. Pero sin duda su gran victoria fue el reconocimiento de la gente, la alegría general ante la victoria de un corredor sin renombre para el gran público. Cuando en esa última etapa cogió la recta final y pudo oír la explosión de júbilo general, sin duda Pino tuvo que pensar que todo el trabajo había valido la pena. Al terminar la carrera, un Pino emocionado tenía un muy emotivo recuerdo a su compañero Alberto Fernández, tristemente fallecido menos de 2 años antes. El gallego seguía siendo ese hombre humilde, la victoria no le cambió. Siempre tuvo muy claras las cosas, cuánto costaba llegar donde había llegado y el valor que tenían el trabajo y el sacrificio.

En cuanto a los demás protagonistas de la carrera, Millar volvió a ser, como 12 meses antes, el gran derrotado. Esta vez ni siquiera había sido el más fuerte, aunque visto lo que pasó en la Vuelta 1985, incluso pudo ser un consuelo. El escocés volvió a quedarse con la miel en los labios, y dijo que el año siguiente no volvería a la Vuelta y probaría suerte en el Giro.

Kelly consiguió el tercer escalón del podio, aunque más apuradamente de lo esperado ante Dietzen. El irlandés fue inferior a los grandes escaladores, pero demostró en días como el de Sierra Nevada que podía con la gran montaña de la Vuelta. Parecía listo para asaltar el primer puesto los años posteriores, aunque cada año que pasaba jugaba en su contra, pues estaba a punto de cumplir 30 años.

En definitiva, fue una Vuelta que registró la victoria de un corredor sorpresa, compañero de generación de esas vedettes (Delgado, Lejarreta, Alberto Fernández, etc) que habían levantado el ciclismo español en el primer lustro de los años ochenta, pero que no había destacado hasta ese momento como ellos. Y, de repente, emergió por delante de todos en esta carrera ganada a base de pundonor y demostrando ser el mejor. Fue sin duda el gran momento de Pino, que en cualquier caso ya no dejaría de ser uno de los actores principales del ciclismo español de finales de los años ochenta, como lo demuestran sus actuaciones en el Tour 1986 o en la Vuelta 1988. El corredor de perfil bajo que existía antes había dado paso a una estrella, pero a su manera; sin traicionar lo que siempre había pensado y cómo había actuado. Fue sin duda la victoria del pundonor y del esfuerzo.

domingo, 31 de octubre de 2010

Vuelta a España 1985: Perder cuando ya has ganado

Hay muchas maneras de perder una gran ronda por etapas. Pero perderla cuando has demostrado ser el más fuerte, derrotado por un rival que ha sido inferior a ti en todos los terrenos, y viendo cómo todos tus rivales se alían en tu contra, seguramente sea de las peores. Eso debió pensar Robert Millar el 11 de mayo de 1985 cuando, tras cruzar la meta de la penúltima etapa de la Vuelta a España, interiorizó que la carrera que llevaba trabajándose 3 semanas, que había ido madurando en cada uno de los terrenos en que ésta se había desenvuelto, se le escapaba, yendo a parar a las manos de un dicharachero segoviano que, exultante, disfrutaba de la algarabía general que se concentraba en torno a él.

Cuando el escocés Millar fue a buscar consuelo en su director, el francés Pierre Roland (encargado de dirigir los intereses del equipo Peugeot por tierras españolas), poco más pudo encontrar que una cara de incredulidad. Roland masticaba su derrota, aún dándole vueltas a la gran duda que le atormentaba en su mente: ¿había perdido la Vuelta o se la habían hecho perder? Esa pregunta continuaba martilleando su cerebro aún mucho más tarde de terminar la etapa.

Unos metros más allá, Peio Ruiz Cabestany, hasta ese día tercero en la general, la gran revelación de la carrera (o mejor sería decir la gran confirmación de la carrera tras su brillante victoria en la Vuelta al País Vasco poco antes) se abrazaba con Delgado, su compañero de equipo en el MG-Orbea, y con Txomin Perurena, el director de ambos. El vasco de raíces catalanas había sido el sacrificado, siendo expulsado del podio. Pero sabía que no le quedaba más remedio, que tendría que esperar a un futuro que en aquel momento se presentaba muy prometedor para poder aprovechar una nueva oportunidad.

Aún más lejos, Javier Mínguez contemplaba la escena mientras trataba de insuflar ánimos a su corredor Francisco "Pacho" Rodríguez. A tan solo 10 segundos del liderato antes de comenzar la etapa, el colombiano veía en meta como no solo mantenía esa desventaja con Millar, sino también como Perico Delgado le superaba. Al fin y al cabo, un segundo o un tercer puesto no significaban mucha diferencia, pero estando tan cerca del premio gordo resultaba difícil de explicar esa falta de ambición de su director. Por otro lado, nada iba a reprochar a Mínguez. Ni iba con su carácter ni hubiera sido justo después de la gran dirección que había realizado el vallisoletano durante la carrera, pues buena parte de los grandes resultados de Pacho, sobre todo en las contrarrelojes, eran deudores de la ayuda de su director.

Por último, tapado entre las sombras, un personaje destinado a jugar un rol secundario miraba maliciosamente a Roland. Por fin, cuando sus miradas se cruzaron, no pudo contener una sonrisa de victoria y de revancha. Definitivamente, ese papel de secundario no estuvo nunca destinado a Luis Ocaña, en aquel momento director de un equipo Fagor que llegó a la Vuelta para ganarla con Pedro Muñoz y que, tras el bajo rendimiento de éste, se vio obligado a conformase con una victoria de etapa de De Wolf y una actuación gris en líneas generales.

Pero para llegar a esa jornada que atravesaba la sierra madrileña, casi 3 semanas habían ido cocinando una bonita edición de la Vuelta a España. Una edición que comenzaba con un prólogo en Valladolid en el que se imponía el prematuramente desaparecido Oosterbosch, que fallecería 5 años después victima de un paro cardiaco (actualmente, está muy extendida la idea de que fue una de las primeras víctimas de la EPO). Por detrás de él, un jovencito neoprofesional de 20 años, el navarro Miguel Induráin, quien tendría su momento de gloria en la segunda etapa, coincidiendo con la entrada de la carrera en Galicia. En Orense se imponía Kelly, la gran figura extranjera de la edición, pero Oosterbosch perdía comba y el liderato pasaba a manos del neoprofesional del Reynolds, el más joven de la historia en lucirlo.

Hay que destacar que tras el excelente resultado de la edición de 1983 (en la que se contrató a golpe de talonario a la gran figura extranjera Bernard Hinault y tan buen resultado dio), en 1984 se había pegado un pequeño patinazo contratando a Francesco Moser, que se llevó el prólogo pero no estuvo a la altura que había dejado Hinault el año anterior. En este 1985 se había traído a Kelly como gran atracción, pues nadie contaba con su compañero Caritoux, que portaba el dorsal número 1. Otros extranjeros de nivel alto eran Winnen, Baronchelli o Simon, mientras que el compañero de este último en el Peugeot, un fino escalador escocés de nombre Robert Millar, pasaba más desapercibido, pese a que ya tenía en su palmarés 2 victorias de etapa en el Tour, así como un cuarto puesto de la general y un maillot de la montaña de la ronda francesa.

Tras el periplo gallego, que sirvió para comprobar que Planckaert era el mejor sprinter del inicio de la carrera y para que Baronchelli se anotara una bella victoria resistiendo en solitario al pelotón, la caravana ciclista se adentró en Asturias. Allí Echave ganó en Oviedo (con un ataque similar al de Baronchelli un día antes), en la previa a la primera etapa decisiva, la de los temidos Lagos de Covadonga. La montaña asturiana, descubierta en la gran etapa de 1983, se mantuvieron en el menú en 1984, con victoria de Dietzen aprovechando el marcaje entre Alberto Fernández y Caritoux. En esta edición de 1985 en sus cuestas se volvieron a ver las caras los que estaban destinados a ser los protagonistas de la carrera. En un grupeto comandado la mayor parte del tiempo por Millar, Delgado aprovechó su ocasión para fugarse y llegar a meta en solitario, obteniendo el doble botín de la victoria y el liderato. Tras él, Millar, Cabestany, Pino y los colombianos Parra y Pacho Rodriguez conservaban sus opciones intactas, mientras que otros como Kelly, Gorospe, Pedro Muñoz, Simon o el mismo Caritoux se despedían de las mismas.

Sin tiempo para descansar, al día siguiente había otra etapa de montaña. Sin tener un final tan duro como la etapa anterior, puesto que Alto Campoo no tiene las pendientes de los Lagos, la jornada resultó muy bella debido a la lucha que se desencadenó, cogiendo al líder Delgado en fuera de juego. Fue en la Palombera, el penúltimo puerto, en el que Kelly pasó a la acción, siendo secundado por Peio, en labores de contención para su jefe de filas. Pero posteriormente Millar volvió a demostrar que no se escondía cuando la carretera se empinaba, provocando la selección y contactando con los de cabeza junto a varios colombianos. En aquellos momentos Kelly ya no figuraba en los primeros puestos debido a un pinchazo, y por detrás se formó un gran grupo con Delgado y el resto de corredores importantes. Pero en el terreno desde la Palombera hasta el Campoo, y en la tendida ascensión final a Alto Campoo no consiguieron recortar las diferencias, con lo que los de delante se jugaron el triunfo, imponiéndose el colombiano Agudelo. Victoria histórica, al ser la primera etapa colombiana en la Vuelta. Junto al vencedor, el más contento del día era Cabestany, que recogía el maillot de líder de su compañero Delgado. Su periplo por la cornisa cantábrica había sido fantástico, pero estaba por ver si resistiría a un Millar que se estaba mostrando dominador y al colombiano Pacho Rodríguez. A partir de ellos tres, que estaban en diferencias inferiores al minuto, la brecha se abría, figurando Parra 4º a 2:20. La etapa había sido muy dura y había deparado una batalla campal, en la que el gran derrotado fue Delgado, que llegaba a meta en el puesto 34 a casi 4 minutos de los primeros. Su candidatura estaba prácticamente descartada.


Tras la tempestad llegó la calma, y en el siguiente punto caliente de la carrera, la llegada unipuerto al Balneario de Panticosa, hubo tablas entre los tres corredores que se estaban erigiendo en dominadores de la carrera. El caído en desgracia Fons de Wolf sacó una de las contadas demostraciones que dio en su carrera y se impuso tras una larguísima fuga con más de 19 minutos de ventaja sobre los favoritos. Lo más interesante de la etapa fue la tensión entre Delgado y Cabestany cuando el primero salió a un ataque postrero de Parra y se desentendió de la suerte de su líder, arañando unos segundos.

La inactividad del día anterior se compensó con la entrada de la Vuelta en Cataluña. La etapa de Tremp deparó un espectáculo vibrante en una etapa de media montaña donde el Orbea fue pillado en fuera de juego. Ninguna de sus dos grandes bazas para la general se metió en una fuga de hombres de calidad, entre los que se encontraban Millar y Pacho. Esta escapada fue adquiriendo ventaja hasta llegar a los 2 minutos. Tuvo que ser la intervención de otros equipos lo que salvara al equipo de Perurena, hasta que las diferencias en meta se quedaban en medio minuto entre el grupo en el que se impuso Kelly y el pelotón del líder. Suficiente, de todas formas, para que el "escocés del pendiente", como era conocido Millar, se alzara hasta el primer puesto de la general.

Pero la grandeza de esta Vuelta residió principalmente en los cambios que se producían en cabeza. Si el día de Tremp el lider del Peugeot realizó una jugada estratégica magistral y los Orbea desfallecieron, las tornas cambiaron completamente en Andorra, en la jornada siguiente. En un recorrido salpimentado por los altos de Cantó y la Comella, Millar quiso dar una demostración de poderío en el primero de ellos, saliendo en persona a un ataque de Pino y permaneciendo escapado durante unos kilómetros. Estos esfuerzos los pagaría en el último puerto, donde los Orbea se aliaron con los Zor para desarbolar al líder, cruzando la cima con unos metros de ventaja que se traducirían en 14 segundos tras el frenético descenso hasta Andorra. El escocés conservaba el maillot amarillo, pero sus diferencias se recortaban hasta los 10 segundos con Cabestany y a los 23 con Pacho. Parra, sigilosamente, estaba ya a solo 1:38 tras ir recortando poco a poco todos los días. Los demás (Dietzen, Delgado, Gorospe, etc) se iban por encima de los 3 minutos, pero en una Vuelta tan loca no convenía descartarlos del todo.

Y la carrera debía estar definitivamente loca cuando al día siguiente, en la cronoescalada a Pal, repetía victoria por segundo día consecutivo el colombiano Pacho Rodriguez. Las diferencias con Millar eran ajustadísimas (tan solo 10 segundos les separaban). Ese día entregaron sus opciones Parra, que se dejó 1:16 con el líder cuando no se podía permitir el lujo de perder ni un segundo, y sobre todo Cabestany, gran contrarrelojista pero al que la larga subida se le atragantó. Se dejó casi dos minutos con Millar. En una edición tan ajustada, eso suponía dejar la general en una cerrada lucha entre el escocés del Peugeot y el colombiano del Zor, separados por unos míseros 13 segundos. El problema es que a partir de ahí se acabaron las llegadas en alto, y toda la lucha previa al último fin de semana, aunque llena de emoción e incertidumbre, no movió la clasificación general. En cualquier caso, la tensión se fue acumulando día a día, como en la jornada de Benidorm, donde el viento hizo su aparición y Pacho y Delgado tuvieron que sudar para enjugar las desventajas que llegaron a acumular.


Finalmente, toda esa tensión pareció estallar en la etapa con final en Alcalá de Henares. Una etapa aparentemente tranquila, con tan solo un puerto de tercera en el recorrido, fue la que escogió Ocaña, el director del Fagor, para dinamitar la carrera. La noche anterior, en Albacete, tuvo un encontronazo verbal con el director del Peugeot, Pierre Roland. Roland tenía el maillot amarillo con Millar, el hombre que más fuerte se estaba mostrando en la carrera, y despreció la posible ayuda que el Fagor le pudiera dar. Así pues, Ocaña pensó en devolverle la afrenta. Para ello decidió que el Orbea era el equipo más adecuado, y se puso de acuerdo con Perurena. Al día siguiente, kilómetros antes del avituallamiento, fueron repartidos a los corredores de Orbea y Fagor bidones cuyo contenido era sólido. Así pues, al llegar al punto de avituallamiento y disminuir el ritmo del pelotón, el Fagor en bloque no perdió ni un momento y atacó con todos los integrantes que le quedaban en carrera. A ellos se unieron los dos estiletes del Orbea, Peio y Delgado, junto a un gregario como Zuñiga. Dos soviéticos ejercieron de convidados de piedra en la escapada. La estratagema puede parecer curiosa actualmente, pero lo cierto es que funcionó. Cuando los Peugeot se quisieron dar cuenta, la fuga estaba hecha y tenían que remontar 2 minutos contra una decena de hombres que iban a bloque y enrabietados. El ritmo se convirtió en infernal y, durante casi 80 kilómetros, los hombres de Roland fueron obligados a hacer un esfuerzo brutal para que la peligrosa escapada no se les fuera del todo. Finalmente recondujeron la situación y dieron caza a los fugados, pero las secuelas de la paliza, unidas a los varios días que llevaban defendiendo el liderato, se harían notar en jornadas posteriores. Como digo, al final todo quedó aparentemente en nada y en la meta se impuso un Juarez que supo escaparse tras el reagrupamiento y pescar en río revuelto.

La que debía ser etapa decisiva, la contrarreloj de Alcalá de Henares, dejó las cosas como estaban. Eso sí, Peio realizó un esfuerzo soberbio, ganando la etapa a pesar de tener que cambiar en dos ocasiones de bici. Además, al llegar a meta, un error de cronometraje impidió que pudiera celebrar su victoria hasta pasados unos minutos. La victoria no le permitía remontar demasiado en la general, manteniéndose tercero a 1:15 del jersey amarillo. Un liderato que mantenía Robert Millar, pese a que pinchó al igual que Peio. Gracias a esta fatalidad Pacho Rodriguez conseguía recortarle 3 segundos. Insuficiente, puesto que se quedaba a 10 segundos del escocés. Dado que los perseguidores de la general (los Gorospe, Dietzen, Delgado y Parra) realizaron peores tiempos, todo quedaba en tablas de cara a la penúltima etapa, la de la sierra de Madrid, con la Morcuera, Cotos y los Leones. Desde la cima de este último, 43 kilómetros a meta. Parecía imposible que la victoria se le escapara al jefe de filas del Peugeot.

Y por fin, llegó el día que no tenía que cambiar nada pero que lo cambió todo. Tras pasar los primeros kilómetros de la etapa, en los que se producen continuas escaramuzas en busca de las metas volantes y los sprints especiales, las hostilidades se desatan en el Puerto de la Morcuera. El soviético Osipov llegó escapado merced a un acelerón cuyo origen fue la disputa del sprint especial situado en Colmenar Viejo. En ese momento la climatología comenzó a cambiar. Lo que en la salida había sido una soleada mañana de mayo se transformó en un día frío, con precipitaciones incluso de nieve. A pesar de ello, nada hacía presagiar lo que se encontrarían los ciclistas por delante cuando se coronó la Morcuera con Osipov disfrutando de una generosa ventaja sobre un compacto pelotón.

Sin embargo, en Cotos, esta Vuelta que tantos giros había dado iba a presenciar su último salto mortal. Los acontecimientos se precipitaron a toda velocidad: Osipov rompió un radio de su bicicleta y en pocos kilómetros vería como era superado por el Kelme Recio, que había saltado del gran grupo. Por detrás, Millar tiene que cambiar de rueda por un pinchazo, lo que aprovecha Pacho Rodríguez para lanzar un ataque, bien secundado por Peio. Pero el escocés finalmente logra contactar, ayudado por Pascal Simon, el único compañero que le quedaba. El francés ha quemado sus fuerzas para reintegrarle en el grupo, y el Peugeot desaparece para el resto de la etapa, obligando a Millar a defenderse en solitario a partir de ese momento. Perico Delgado no pierde el tiempo y también suelta su ataque, duro y sostenido. Belda y De las Heras se lanzan tras él, aunque al final todos los primeros de la general coronan el puerto en distancias muy reducidas. En ese preciso instante de iniciar el descenso, el reloj de arena se pone en marcha. Perico Delgado salta del grupo y se va a por Recio. Millar está empezando a perder la Vuelta, pero él no lo sabe. Pocos kilómetros más abajo Delgado contacta con Recio, cabeza de carrera. Rápidamente deciden que el tandem puede ser bueno y empiezan a colaborar.

A pie de Los Leones, el último puerto de la carrera, la ventaja del dúo es de poco más de un minuto. Todo está controlado. Pero cuando el destino juega a ser cruel contigo, su fatalidad se va acrecentando irremediablemente. En el puerto, el grupo de los mejores se fracciona. Por delante se van, entre otros, Caritoux y Kelly, los dos Skill. Si al final de la etapa hubieran estado junto a Millar, el escocés bien hubiera podido encontrar colaboradores. Pero en ese momento el lider solo piensa en vigilar a Pacho y a Peio. La arena del reloj sigue escurriéndose entre sus dedos.

Por la abarrotada cima de Los Leones pasan Delgado y Recio a toda velocidad, mientras que el grupo de los tres primeros lo hace con parsimonia. En el descenso, Millar se permite incluso consolar con unas palmaditas cariñosas tanto a Cabestany como a Pacho Rodriguez, mientras que estos le felicitan, pues su victoria parece ya definitiva. Una vez conocido el desenlace final, las imágenes resultan de una tremenda amargura para el escocés. El reloj de arena sigue inexorable, y empieza a ser definitivo. Al paso por San Rafael la ventaja es ya de 4:30. En Los Ángeles de San Rafael ha subido hasta los 5:30. Nadie colabora en el grupo principal, donde Peio ya sabe perfectamente el estado en el que está la carrera. Por supuesto, no será él quien aclare a Millar lo que sucede por delante. Tendrá que ser Roland, el director del Peugeot, quien finalmente avise a Millar de que está perdiendo la Vuelta y que tiene que exprimirse sobre la bicicleta si quiere conservarla. Pero ya es tarde. Los últimos granos de arena están cayendo, la ventaja ha subido hasta más de 6 minutos (la ventaja de Millar sobre Delgado era de 6:13) y la lucha ya es titánica para el escocés, pues por delante ruedan dos corredores a tope y perfectamente conjuntados, mientras que por detrás solo puede tirar él, acompañado de pequeñas ayudas de corredores ya casi fundidos.

Millar está mentalmente bloqueado. Ha pasado del todo a la nada en cuestión de minutos. De las palmaditas de suficiencia que obsequiaba a Pacho y Peio en el descenso de Los Leones a los nervios que le atenazan en estos últimos kilómetros, sabedor de que la suya es una lucha condenada al fracaso. Por delante, el dúo rueda con rabia, alentado por los gritos de Carrasco, el director del Kelme. Finalmente, alcanzan la meta segoviana, con victoria de etapa para Recio sin que haga falta disputar el sprint. Es su segundo éxito parcial en esta edición de la Vuelta. El tiempo empieza a contar, y todo el público, inundado de la histeria colectiva que ha envuelto la meta, se apresta a esperar los minutos necesarios. A más de 3 minutos llega el grupo de Kelly. Parece claro que si Millar hubiera atado más en corto a estos corredores, su colaboración pudiera haber bastado para retener el amarillo. Pero el escocés marcha más atrás. Concretamente en el siguiente grupo que debe hacer su aparición en la línea de meta. Siguen pasando lentamente los segundos. Ya van más de 4 minutos, más de 5 minutos y se ve al grupo del jersey amarillo acercarse al último kilómetro. Cuando faltan centenares de metros para que crucen la pancarta final, la afición congregada en la línea de meta estalla de júbilo.

La sorpresa se ha consumado, el golpe de estado a la general de la carrera ha sido exitoso, el "escocés del pendiente" ha sido derrotado completamente por la coalición de equipos españoles, encabezada por el MG Orbea y el Kelme, a la que se han sumado equipos que podrían haber ayudado a Millar a defender su liderato, como el Zor de Mínguez o el Fagor, de nacionalidad francesa pero dirigido por Ocaña. El conquense no puede dejar de sonreír pensando en la increíble manera en que se le ha escapado la Vuelta a Pierre Roland. Un Roland que se ve incapaz de calmar a su jefe de filas, que llora desconsoladamente una derrota que apenas entiende, mientras a su alrededor se multiplican las muestras de alegría relatadas en el inicio de la narración.


Al día siguiente no hay nada que hacer, el pelotón llega al final de la Vuelta en el monumental marco de Salamanca, donde Pedro Delgado, Perico, consigue la primera gran victoria de su carrera. Mientras Laguía se proclama campeón de la montaña, Kelly de la regularidad, Van Holen de las metas volantes, Suarez Cueva de los sprints especiales y el Zor de la clasificación por equipos, el único corredor que sube al podio con el gesto vencido es Robert Millar. Sabe que ha sido el más fuerte de la carrera, pero al final ha sido el gran derrotado. Y lo peor de todo es que ni es capaz de entender aún por qué ha perdido esta carrera. Pero en ese mismo lugar, a pocos metros de la universidad donde siglos atrás Fray Luis de León retomó sus lecciones tras haber pasado 5 años en la cárcel con el famoso "Decíamos ayer...", el escocés se conjuró para volver al año siguiente y retomar lo que otros no le habían permitido terminar en ese 1985. Pero ésa es otra historia...