domingo, 8 de febrero de 2009

Giuseppe Saronni: Hoy estás en la cima, mañana empezarás a caer (Parte I)

Udine, 5 de junio de 1983. Giuseppe Saronni acaba de ganar su segundo Giro. Con esto, cierra unos meses auténticamente impresionantes. Ha ganado todo lo que un italiano desea ganar desde que es niño y le regalan su primera bicicleta: el mundial, Lombardía, la Sanremo y el Giro. No puede haber en estos momentos ciclista más feliz en el mundo. El Lombardo (nacido en el Piamonte pero crecido cerca de Milán) lleva 6 años impresionantes, donde ha ganado la mayoría de las carreras importantes italianas. Además, es joven, pues tiene solo 25 años. Toda una carrera le aguarda por delante para hacer de su palmarés una leyenda. Como guinda, su gran rival Francesco Moser empieza a acusar los años y, a punto de cumplir los 32, parece que sus mejores temporadas han pasado. Todo le sonríe a "Beppe". El futuro pinta de color de rosa, el mismo que viste él en estos momentos.

Pero, de repente, en lo alto del podio de Udine, se gira al oír su nombre. Lo único que encuentra es uno de los duendecillos del ciclismo, de la misma familia del "tío del mazo", que pueblan la mitología ciclista. Solo le dice una frase, antes de desaparecer: "Hoy estás en la cima, mañana empezarás a caer". El capitán de la GIS Del Tongo se sorprende, se queda preocupado, pero finalmente decide no darle más importancia a lo que cree haber visto y volver a mirar al frente. Allí ve a lo tifossi coreando su nombre y aplaudiendole. Es un héroe. Pero, ¿cómo han sido estos últimos meses? Para entenderlo, hay que retrotraerse justo 9 meses, al 5 de septiembre de 1982, a Goodwood, en los alrededores de Leicester.

En plena campiña inglesa se corre un mundial en el que Saronni es el gran favorito. Un circuito no demasiado selectivo pero con un final en cuesta de aproximadamente una milla. El tipo de llegada que le va perfecto a Beppe. Tras muchos años de disputas entre Saronni y Moser, el seleccionador azzurro, Martini, ha designado a Saronni como jefe de filas. Los italianos lo tienen claro. No se debe repetir lo del año pasado en Praga, donde la estrategia de los transalpinos fue cuanto menos dudosa, con ataques cuando estaba designado que se llegara al sprint, y con un final en el que Baronchelli dejó demasiado lejos a Saronni, que se vió superado en el último arreón por Maertens. Este año hay que rematar adecuadamente, y nadie mejor que Saronni para ello. El joven corredor atesora ya un palmarés envidiable. Repasemoslo un momento:

Saronni pasó a profesionales a los 19 años. Tan joven, que necesitó un permiso especial para ello. En aficionados se había labrado un gran palmarés, tanto en ruta como sobre todo en pista, donde había logrado un montón de victorias y había adquirido la punta de velocidad que tantas satisfacciones le daría en el futuro. En su primera carrera, el Laigueglia del 77, es segundo tras el campeón mundial Maertens. La carta de presentación era impresionante. Ese mismo año ya se hace con 9 victorias, todas ellas menores. Su primer éxito es el Trofeo Pantalica. Moser es tercero, frenado por una moto. La rivalidad ha comenzado. Francesco se toma la revancha en la Flecha Valona, donde vence por delante de Saronni. Su gran temporada le hacen ser convocado para el mundial de San Cristobal, donde trabaja para la victoria de Moser y aún así acaba con fuerzas para ser noveno.

Pero al año siguiente Beppe ya da muestras de que estamos ante un monstruo preparado para marcar época. Se lleva carreras como la Tirreno-Adriático, 3 etapas en el Giro (donde termina 5º), es segundo en la Sanremo tras hacer la mayor parte del trabajo a De Vlaeminck y, tras ganar numerosas carreras, roza el podio del mundial al ser cuarto, siempre con Moser (medalla de plata) como capitán.

En el 79 consigue su primera gran victoria, al imponerse a Moser en un Giro pensado para el trentino. Torriani empezaba la época "moser-saronianna" con un recorrido en el que primaban las cronos y con una montaña ridícula. Pero el gran favorito falló en la cronoescalada a San Marino, donde Saronni protagonizó una exhibición. A partir de ahí Beppe, vestido de rosa, se limitó a controlar a sus rivales, Knudsen y Moser, muy limitados en montaña. Puesto que Knudsen se tuvo que retirar a consecuencia de una caída, el duelo italiano quedó servido hasta el final. Pero no hubo más historia que el dominio de Saronni, más en forma, sobre Moser. El resto del año se cerró con las victorias en el Campeonato de Zurich, Giro de Romandía, Midi Libre e innumerables victorias de etapa en vueltas pequeñas. Las grandes clásicas se le siguen resistiendo, pues vuelve a ser segundo en Sanremo (de nuevo tras De Vlaeminck), en la Flecha (esta vez batido al sprint por Hinault) y en la Paris-Tours. En el mundial falla, pues no consigue ser más que octavo. Despide el año con una victoria en el Trofeo Baracchi, crono por parejas, haciendo dueto con... Francesco Moser. Por lo visto ni se hablaron hasta comenzar la carrera.

1980 es el año en el que tiene que confirmar lo que se espera de él. Y vaya si lo hace. En Sanremo repite su conocida segunda posición. Vence por fin la Flecha Valona dando una exhibición, dejando tirado a Hinault en la última cota y ganando a Nilsson el sprint. En el Giro, se lleva la friolera de 7 etapas, pero la montaña (con el Stelvio en el menú) es demasiado para él. De hecho, tendrá que trabajar para su compañero Panizza, que acaba segundo tras Hinault. Finalmente, entre su ingente cantidad de victorias anuales figura el campeonato de Italia, que le hace vestir la tricolore durante un año. Fracasa, sin paliativos, en el mundial de Sallanches, donde se ve obligado a abandonar ante la tortura en que convierte Hinault la carrera.

En 1981 sigue incrementando su palmarés, pero en parte es un año amargo para él. Pese a sus tres victorias de etapa en el Giro y su tercer puesto tras Battaglin y Prim, se queda a las puertas de la victoria tanto en Romandía, como en la Tirreno Adriático como en el mundial. Tres segundos puestos dolorosos, sobre todo el último, cuando tenía todo de cara para ganar.

En 1982 su aproximación al Giro es muy buena, con victorias en el Giro de Cerdeña, la Milán-Turín, la Tirreno-Adriático y el Giro del Trentino. En la carrera italiana vuelve a estar lejos de la lucha por la victoria (es sexto) pese a imponerse en 3 etapas. Pero acaba en buena forma, lo que le lleva a vencer en la Vuelta a Suiza. Durante el verano repone fuerzas y se aproxima al mundial ganando la Vuelta a Alemania y la Copa Agostini...

viernes, 2 de enero de 2009

Giro de Italia 1988: el infierno helado del Gavia (Parte IV)

Al día siguiente de la mítica etapa, no había fuerzas ni ganas para nada. Y eso que, a priori, el menú invitaba a nuevas hazañas. De salida, el Stelvio, Cima Coppi de esta edición del Giro. Y final en la estación de Merano 2000. Pero, visto lo visto el día precedente, a ver quién se atrevía a subir y luego bajar el Stelvio con las condiciones climáticas que se estaban viviendo esos días en el norte de Italia. Así pues, el paso por el Stelvio fue anulado y la etapa se limitó a la subida final a Merano 2000. En esa ascensión, uno de los derrotados del Gavia dió una lección. Jeff Bernard volvió a tirar de clase y demostró que fueron las consecuencias de la nevada las que le impidieron realizar una mejor actuación en el Gavia. Atacó desde el inicio de Merano 2000. Tan solo Zimmermann pudo seguirle. Por detrás, Hampsten y Breukink mantenían una guerra de nervios, conscientes de que estaban ante el último final en alto de la carrera, exceptuando la cronoescalada al Valico del Vetriolo. La mínima diferencia que los separaba hacía que cualquier paso en falso fuera decisivo para la victoria final. Junto a ellos, los corredores del Del Tongo, Chioccioli y Giupponi. Delgado o Visentini, ya sin motivaciones, perdían tiempo con respecto a los mejores. La carretera había puesto en su sitio a cada uno de los favoritos.

Bernard hacía todo lo posible por descolgar a Zimmermann, consciente de que era un rival molesto en caso de llegar juntos hasta arriba. Finalmente, a 3 kilómetros de meta, lo consiguió. Se fue solo y venció en plan campeón. Por detrás, Hampsten conseguía dejar a Breukink, consolidando su liderato. En meta, Bernard se hacía con su tercera victoria del Giro. Zimmerman entraba a 32 segundos. Giupponi (autor de unos kilómetros finales muy buenos) le pisaba los talones entrando a 36 segundos, mientras que Hampsten, que entraba a 51, arañaba 27 a Breukink, que le precedía. Juan Tomás Martínez, el Volcán de Barakaldo, era el primer español en meta, entrando séptimo a 2:48, junto a Perico. Chioccioli era quien se llevaba la peor parte del día, perdiendo 3:16 y entregando su lugar en el podio a Zimmermann. En dos días nefastos para el toscano, había pasado de llevar la maglia rosa a quedar en el 5º puesto de la general a más de 6 minutos.

Por tanto, Hampsten respiraba un poco más tras la etapa de Merano 2000. Su distancia con Breukink había crecido hasta unos tranquilizadores 42 segundos, sobre todo teniendo en cuenta la crono del último día, donde el corredor de Panasonic era cláramente favorito. La soledad de ambos en la lucha por la victoria era aún más patente, por cuanto que el tercero era ya Zimmermann a 3:50, con los dos corredores del Del Tongo detrás de él, aunque sin representar una seria amenaza. Pero al día siguiente se subía otro de los gigantes del Giro, nada menos que el Passo del Rombo.

El problema era que la climatología, que había propiciado una etapa épica camino de Bormio, estaba mutilando etapas que también podrían haber sido antológicas. Durante todos estos días, la lluvia era compañera inseparable del pelotón, y en cuanto se subía a las altas cumbres la nieve hacía acto de presencia. Y en la frontera entre Italia y Austria, en el Rombo, se mantuvo esta misma tónica. Si el día anterior había sido la organización la que eliminó el Stelvio, esta vez fueron los corredores los que decidieron hacer una semihuelga. En cuanto los primeros copos de nieve aparecieron, el pelotón bajó el ritmo y el coloso se subió a ritmo lento. Incluso llegaron a pararse en dos ocasiones. Algunos ciclistas empezaban a subir a los coches, en un claro gesto de fuerza para que fuera neutralizada la subida. Pero las dos veces se acabó reiniciando la marcha. Finalmente, se coronó el puerto. De nuevo, muchos corredores se metieron en los coches para abrigarse de cara al descenso. Fue justo ése el momento que aprovecharon los corredores de Panasonic para preparar una emboscada. Enfilaron el descenso a toda velocidad, y se fugaron del resto del pelotón. Al terminar la bajada, 6 hombres del equipo holandés se encontraban en el grupo de cabeza, acompañados por otros 7 corredores, entre los que se encontraban el lider Hampsten y Delgado, pero no Zimmermann, Bernard o los Del Tongo. La jugada había sido maestra. A partir de ese instante, se correría todo lo rápido que no se había hecho en la primera parte de la etapa. La ventaja llegó a ser de minuto y medio, aunque tras el último puerto, Mosern, solo quedaron en cabeza Breukink y Winnen del Panasonic. La diferencia comenzó a menguar, hasta que en meta se quedó en 8 segundos, tras muchos esfuerzos de los perseguidores. Por delante, Vona se había marchado en el último kilómetro para ganar en solitario y estropearle la jugada a los holandeses, que pensaban ganar con Breukink tras el gran trabajo de Winnen. Finalmente, habían obtenido muy poca recompensa para todo el esfuerzo que habían hecho.

Al día siguiente, por fin se volvió a las volatas tradicionales del Giro. En una jornada muy dura por la multitud de ataques que se produjeron (había muchos equipos resentidos por la táctica del día anterior de Panasonic) se acabó llegando en grupo a meta, donde se impuso Gambirasio. Todas las espadas estaban en alto ante la etapa del día siguiente, la cronoescalada donde Hampsten y Breukink se jugarían la carrera.

Y, en la jornada decisiva, se demostró quién era el hombre más fuerte de la carrera. Hampsten arrasó, superando a Breukink incluso en los 5 primeros kilómetros, que eran llanos y supuestamente favorables al holandés. En cuanto la carretera se empinó, enfilando la meta en el Valico del Vetriolo, la diferencia no paró de aumentar, hasta el 1:04 que se dejó en meta el lider del Panasonic. El americano se llevó la etapa, dejando al segundo, Visentini, con la miel en los labios. El corredor de Carrera, que al inicio del Giro partía como favorito, se quedó sin la consolación de ganar una etapa. Cedía 32 segundos. Giupponi se dejaba 40, mientras Zimmermann perdía 52. El siguiente ya era Breukink, que precedía a Rominger. El suizo, que desde el día de Selvino solo había tenido un fogonazo de inspiración en Chiesa Valmalenco, volvía a aparecer por las primeras posiciones. Perdía 1:39. El séptimo era Delgado a 1:55, tal vez el peor de los que partían como favoritos para hacer algo bueno en la etapa. Y eso que, por fin, el día había despejado y apareció el sol tras tantas jornadas de mal tiempo. Aunque peor le fue a Bernard, quien hubiera sido el claro favorito en condiciones normales. Por culpa de una caída del día anterior, se vió obligado a no tomar la salida. El francés retornaba a casa, tras una carrera que le había reportado 3 triunfos parciales y la sensación de que había días que era imparable. Su próximo objetivo sería el Tour, aunque ahí las cosas le fueron peor que en Italia.

Así pues, la carrera la tenía Hampsten herida de muerte. Breukink estaba ya a 2:06, y solo una hecatombe en la última crono le hubiera quitado la victoria al lider del Seven Eleven. La lucha más emocionante era la que definiría el tercer integrante del podio, puesto por el que luchaban Zimmermann y Giupponi. Si bien estaban a más de 5 minutos de la maglia rosa, les separaban solo 17 segundos. Aunque el Giro estaba llegando a su fin, aún quedaban cosas interesantes por pasar. Y si tenía que ocurrir algo, por fuerza debía ser en la siguiente etapa, última de montaña con 3 puertos de montaña, el primero de ellos el Passo Duran.

Pero en este Giro, no todo sucedía en la carretera. Mientras los corredores descansaban de la cronoescalada, por la tarde, surgía otra bomba: Visentini, Giupponi y Zimmermann eran declarados positivos por no presentarse al control antidopaje. Tras el susto, se revocó la sanción y finalmente no pasó nada. En fin, cosas de los Giros de los años ochenta.

En la carretera, Zimmermann sacó la rabia que le había producido la etapa anterior y protagonizó otra de las etapas memorables de este Giro. Lanzó un ataque en el inicio del Passo Duran, a más de 100 kilómetros de meta. Era un ataque de todo o nada y, en este deporte, los valientes suelen tener recompensa. La ofensiva pilló al resto de favoritos descolocados. Eso, y la dureza de las rampas de esta "Cima Coppi" (debido a la suspensión de la original, el Stelvio, el premio había pasado a situarse en el Passo Duran) hicieron que por la cima pasaran los corredores en reducidos grupos. El primero de ellos, tras Zimmermann, estaba compuesto por Hampsten, su gragario Pierce, Conti y Giuliani. Pasaban a 45 segundos del suizo. Breukink, a quien se le agotaba la gasolina en este final de Giro, perdía veinte segundos más en la cima, pero en el descenso les daba caza. La bajada también era aprovechada por Giuliani para irse de sus acompañantes y dar caza a Zimmermann. A partir de ahí, el duo de cabeza se entendió perfectamente, mientras que por detrás Hampsten y Breukink no se percataban del peligro que se cernía sobre ellos. Hasta que a 75 km de meta las noticias cantaban que el lider del Carrera llevaba 6 minutos de ventaja sobre ellos. ¡Zimmermann era lider virtual!

El americano y el holandés no se pusieron nervisos. Tras muchos kilómetros en los que no conseguían bajar la diferencia, aflojaron la marcha y dejaron que el gran grupo, en el que estaban sus gregarios, les cogieran. A partir de ahí, sus equipos se pusieron a tirar para enjugar la diferencia. El paso de los kilómetros y la orografía de la parte final de la etapa (totalmente llana) hicieron el resto. A 15 kilómetros del final Hampsten recuperaba la maglia rosa virtual, y en meta la deferencia era de poco más de 3 minutos. Zimmermann dejaba ganar a Giuliani y él se situaba segundo en la general, a casi 2 minutos de Hampsten.

Todo estaba listo para terminar de decidir la general en la crono de la última etapa. El penúltimo día, nueva volata con victoria de Rosola. Y el último día, en el sector matutino, victoria del suizo Freuler. Los viejos sprinters se reivindicaban en este final de carrera.


Por la tarde no hubo sorpresas. En un Giro en el que se produjeron tantas, eso era un hecho novedoso en sí mismo. Hamspten mantuvo la maglia rosa, mientras que Breukink, mejor rodador, superaba a Zimmermann. Fue el único cambio en los primeros puestos de la general. En cuanto a la etapa, se impuso el polaco Piasecki, por delante de Vanderaerden y Rominger. El ganador se vió beneficiado por el hecho de que los últimos salieran con lluvia y viento. El mal tiempo quiso asistir a la despedida de una carrera de la que había sido el gran protagonista.

Así pues, Hampsten se imponía en el Giro, siendo acompañado en el podio por Breukink y Zimmermann. Giupponi y Chioccioli eran cuarto y quinto, con gran malestar para el segundo, que siempre consideró que su compañero no le había ayudado lo suficiente cuando defendía la maglia rosa. Giovannetti, joven promesa, era sexto, por delante de Delgado, que había fallado en su objetivo de ganar la corsa rosa. No así en su otro objetivo, preparar el Tour, pues todos sabemos lo que ocurrió un mes después en las carreteras francesas.

Se cerraba una edición del Giro que ha quedado para el recuerdo por la dantesca etapa del Gavia pero que, como hemos visto, deparó mucho más espectáculo durante los 21 días que duró. El día que los corredores entraban en el infierno helado del Gavia, estaban haciendo que la edición 71ª del Giro pasara a la posteridad como la carrera en la que se volvió al ciclismo de antaño, aquel en el que los corredores eran héroes que desafiaban a los elementos con la única ayuda de una bicicleta. Por ellos, bien valga este recuerdo a ese lejano año, del que más de veinte años nos separan ya.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Giro de Italia 1988: el infierno helado del Gavia (Parte III)

La salida de ese mítico día estuvo presidida por la lluvia. Los corredores, embutidos en sus chubasqueros, sabían que se enfrentaban a uno de esos días que no les gustan, en los que salen a la carretera básicamente a sufrir. Su único consuelo, la brevedad de la etapa, de solo 120 kilómetros: bajar desde Chiesa Valmalengo, un rápido llanito, la subida tendida a Aprica, una bajada aún más tendida, la subida al Gavia lo antes posible, y de nuevo a bajar a Bormio y refugiarse rápidamente en el hotel. Antes de que se hubieran enterado estarían confortablemente resguardados. Esas eran las previsiones. No sabían lo largo que se les iba a hacer el día.


Como en toda historia épica, siempre tiene que haber locos que luchen por imposibles, que desencadenen las tormentas que nadie puede parar a posteriori. Este día iba a ser el turno del suizo Joho y del italiano Pagnin, dos corredores de esa estirpe que se sentian más cómodos escapados que dentro del pelotón. Así pues, el paso por Aprica lo coronan ellos dos, precediendo a un pelotón que, azotado por la lluvia, va pasando los kilómetros y continúa su penar hasta Ponte di Legno. Al frente, el Gavia. Un puerto en otras condiciones precioso, pero que ahora se antoja la viva imagen de las puertas del infierno. Mientras la lluvia continúa minando las fuerzas, al frente solo se distingue una tormenta de nieve. El primer valiente en intentarlo en el Gavia es el belga Van der Velde. El espectador que conozca el desarrollo de los acontecimientos y lo que pasó unos kilómetros más arriba, no puede menos que asustarse viendo que su único resguardo frente al frío es la maglia ciclamino que porta como lider de la regularidad. Otros, como Hampsten, habían sido más precavidos, enfundandose numerosas prendas para prevenir el descenso de temperatura. Tal vez en esas elecciones estuvo el destino de la etapa y, por ende, del Giro.


Como decíamos, Van der Velde había atacado y superado a los dos fugados del día. Iba como una bala, enfilado a la victoria. Por detrás, Hampsten lanza el ataque que vale un Giro: seco, duro, y al que nadie puede contestar. Unos kilómetros después, Breukink consigue darle caza. Por detrás, la lucha es por la supervivencia. Mientras algunos como el joven Giovanetti, Zimmermann o Chiocchioli resisten dignamente, los Delgado o Bernard bastante tienen con luchar contra la tempestad que arrecia. Otros, como Visentini y Saronni, se han dado cuenta de que la jornada dirime algo más importante que el deporte en sí, y se han desentendido. Circulan ya perdidos a muchos kilómetros.



Finalmente, Van der Velde corona el gigante. Atrás quedan las penurias de la subida. Pero lo peor está por venir. A menos de un minuto del belga pasan Hampsten y Breukink. Los demás van llegando como pueden y se abrigan con todo lo que encuentran. Eso los primeros, los que se están jugando la carrera. Los de detrás, que llegan con los rostros desencajados, lo único que quieren es que se acabe la pesadilla. Algunos, como el frances Dominique Gaigne, compañero de Bernard en Toshiba, se niegan a continuar, a bajar por esa carretera que solo promete un sufrimiento aún mayor. Los tifosi, que ese día estuvieron inmensos, se dedican a frotar las manos de los ciclistas para que recuperen la sensibilidad y puedan accionar los frenos en el descenso. En fin, las imágenes son más propias de una guerra que de un espectáculo deportivo.

Porque efectivamente, espectáculo deportivo había y se estaba dilucidando muchos kilómetros más abajo, una vez terminado la parte más dura del descenso. Las noticias que llegaban eran que Hampsten había dejado a Breukink y era cabeza de carrera. Pero... ¿y Van der Velde? Como muchos sabrán, Van der Velde coronó el Gavia en cabeza y en el descenso hacia Bormio perdió la temperatura, la etapa y hasta su carrera deportiva.

El belga había pasado la cima el primero y, tras ponerse un chubasquero, se lanzó hacia Bormio. No duró ni 2 km. Esa fue la distancia que recorrió hasta que, destrozado por el frío, tuvo que poner pie a tierra y meterse en una de las rulotes que jalonaban el descenso. Así, primero Hampsten, luego Breukink y muchos más corredores le adelantaban. Finalmente, 46 minutos y 49 segundos después de que hubiera llegado el ganador, el bueno de Van der Velde cruzaba la línea de meta. Teniendo en cuenta que a 20 km de la misma aún era cabeza de carrera, resulta increible tamaña pérdida de tiempo. Así pues, la etapa estaba perdida. El resto del Giro el belga anduvo como alma en pena, aunque se intentó meter en alguna que otra escapada. Incluso consiguió retener esa maglia ciclamino como lider de la regularidad. Pero a partir de ahí, nada. Su carrera estaba terminada, se había acabado un 5 de junio de 1988 bajando el mítico Gavia. El año siguiente pasó al TVM, y acabó su trayectoria en 1990 en el Carrera. La edad, el abuso de anfetaminas y el recuerdo de esta pavorosa etapa cerraron su etapa como profesional y le sumieron en unos años de desaparición pública, de los que salió hace no mucho al lado de su hijo Ricardo, también profesional.

Volvamos a la etapa. A 10 km del final queda claro que Hampsten está en cabeza, una vez eliminado Van der Velde de la lucha. Pero aún más sorpresas estaban por llegar: Breukink, recuperado, empieza a recortarle tiempo hasta que llega a su altura y le pasa como a un amateur, sin que el lider del Seven Eleven pueda hacer otra cosa que mirar como se alejan sus opciones de ganar en este día. Unos kilómetros más tarde, en Bormio, el sufrimiento termina para Breukink, ganador de etapa, que puede empezar a disfrutar la gloria de ganar una jornada tan mítica. Hampsten llega a 7 segundos, suficientes para no ser pasado por el holandés en la general. A partir de ahí, el desierto. A 4:39 llega el joven Tomasini. A 4:55 Giupponi, después de ayudar en los últimos kilómetros a su compañero de equipo, el lider Chiocchioli. Tras él, y en una diferencia de pocos segundos fruto de la falta de fuerzas, llegan Giovanetti, Zimmermann y el propio Chioccioli. Éste ha defendido su maglia rosa con valentía, pero la tormenta ha sido demasiado para él. Tendrá que esperar 3 años para volver a encontrarse en una situación parecida, pero esta vez no habrá ningún Gavia nevado y no la desaprovechará.

Los minutos siguen cayendo escandalosamente a muchas de las figuras del pelotón: 7:08 para Delgado, 9:21 para Bernard, 15:35 para Alcalá y Sorensen... a 30 minutos llegarán Visentini y Saronni, desentendidos de lo que ha pasado por delante. La clasificación ha sufrido un vuelco total, y todo parece indicar que es cosa de dos corredores. El estadounidense Hampsten es el primer corredor de su país en vestir la maglia rosa. A pocos segundos de él (concretamente 15) queda el holandés Breukink. El tercero, el antiguo lider Chioccioli, está ya a 3:54. Los Carrera, que tan controlado tenían el Giro horas antes, se han quedado con la única baza de Zimmermann, que está cuarto a 4:25. Giupponi es quinto a 4:55. Los demás están ya a diferencias siderales, como por ejemplo Bernard a 9:37 o Delgado a 10:41.

Eso, en lo que respecta a lo cuantificable. Porque el daño interno fue mucho mayor. La imágenes en Bormio eran dantescas, con los corredores llorando, retorciéndose de dolor... muchos de ellos hicieron la mayor parte de la bajada en los coches de equipo, se bajaron de los mismos a 3 kilómetros de meta y cumplimentaron en sus bicis ese último tramo de etapa. No hubo descalificación por parte de la organización, que entendió las circunstancias. Muchos profesionales quedaron marcados. Pero habían conseguido sobrevivir al infierno helado. Ellos lo podrían contar con orgullo muchos años después.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Giro de Italia 1988: el infierno helado del Gavia (Parte II)

Visto el recorrido y los participantes, la carrera prometía mucha emoción y grandes momentos. Las 3 siguientes semanas corroborarían o refutarían esa impresión.

El caso es que la carrera comenzó con uno de los favoritos ganando la primera crono y asustando a sus rivales. Bernard se adjudicaba el primer rosa aunque, todo hay que decirlo, se vió beneficiado por la caída del corredor que realizó los mejores pasos parciales: Tony Rominger. El suizo del Salotti Chateau D´ax se quedó a solo 3 segundos del lider del Toshiba, así que sin ese incidente la etapa hubiera sido suya. Bernard, merced a las bonificaciones (que también se aplicaban en las cronos, ¡hasta en la CRE!) empezaba a sumar diferencias, siendo la más notable los 48 segundos que le quitaba a Delgado (28 reales más 20 de bonificación). Hampsten y Zimmerman también comenzaban con una renta perdida de 40 segundos, mientras que otros favoritos como Visentini y Breukink dejaban las pérdidas por debajo de los 30 segundos.

Tras dos etapas de transición, con victorias al sprint de Bontempi y del suizo Joho en una escapada "made in Ariostea", llegó el primer gran esfuerzo de la carrera. Etapa con doble sector, siendo el vespertino la contrarreloj por equipos de Urbino. Pero en el matutino se produjo una sorpresa, en cuanto que el desconocido Podenzana (que posteriormente llegó a ser campeón de Italia) cambió el maillot de su equipo, el Atala (uno de los más curiosos del pelotón profesional, parecían presidiarios) por la maglia rosa de lider, merced a una escapada en solitario que llegó a meta con más de 5 minutos de ventaja. Otro dato a destacar de este sector matinal fue la caída de Bugno, que le forzó al abandono. A consecuencia de esta caída, el bueno de Gianni sufrió durante toda su vida pánico a los descensos, lo que tuvo que combatir ayudado por sesiones de música clásica (de Mozart concretamente). Quién sabe lo que hubiera llegado a ser la carrera de Bugno durante los noventa sin ese miedo, que le retrajo en numerosas ocasiones de usar tácticas más arriesgadas. Volviendo a esta cuarta etapa, por la tarde, el Del Tongo dejaba claro que era el equipo más fuerte de este inicio de carrera. Ganaba la crono y dejaba a sus mejores hombres (Piasecki, Saronni, Chiocchioli y Giupponi) amenazando peligrosamente el liderato de Podenzana. El Carrera (vencedor el año anterior de la CRE tanto en Giro como en Tour) quedaba segundo, dejando también muy bien colocados a sus hombres fuertes (Visentini, Zimmermann y Maechler). De momento, el Giro era cosa de italianos y los extranjeros dejaban hacer.

Al día siguiente, sprint en Santa Maria Capua Vetere con victoria de nuevo de Bontempi. Una caída en los últimos kilómetros sembró el pánico en el pelotón. Pero las miradas estaban puestas en la sexta etapa, con final en Campitello Matese. Un puerto sin excesiva dureza, pero que serviría para ver los primeros desfallecimientos. Además, el mal tiempo contribuyó a aumentar la dificultad del día. No era más que un anticipo de lo que esperaba en en jornadas posteriores.

Y en Campitello Matese el esperado Delgado pegó el petardazo, siendo el favorito que más tiempo perdió. Hasta el lider Podenzana (que retuvo la maglia) lo hizo mejor que él. Por delante la batalla era por la victoria de etapa, puesto que los grandes eran conscientes de que en un puerto como este no se podían abrir grandes brechas, excepción hecha de desfallecimientos como el de Delgado. Así pues, Chiocchioli era el que conseguía el demarraje bueno, llegando a meta con unos segundos de ventaja sobre los jefes de filas. Entre ellos, los más fuertes eran Zimmermann y Hampsten, que se dejaban 12 segundos con el corredor del Del Tongo pero arañaban 11 a un gran Rominger, 19 a Breukink y 23 al grupo de Bernard y Visentini. A destacar de la etapa también la lucha del Zahor, el único equipo español junto al Reynolds, que lo intentó en la subida final con ataques de Ocaña y Van Bravant. Tras el primer contacto con la montaña, Podenzana solo conservaba 45 segundos sobre Chiocchioli, 1:18 y 1:40 sobre la dupla del Carrera (Zimmermann y Visentini respectivamente), 1:43 sobre el joven Giupponi, 2:18 sobre Rominger, cuyo rendimiento en una carrera de 3 semanas era una incognita pero de momento estaba bien situado, 2:30 sobre Breukink y 2:38 sobre Hampsten. Bernard estaba ya más retrasado, a 2:59, mientras que Saronni, Winnen o Alcalá, a unos 4 minutos, habían dejado claro que no iban a luchar por los puestos de honor. Otro tanto para Delgado, en el puesto 37 a casi 6 minutos. Pese a sus declaraciones, en las que prometía que todavía podía ganar el Giro, estaba por ver si no llevaría su cabeza hasta el Tour.

Tras esta etapa, la calma llegaba al pelotón. Etapas sin grandes dificultades orográficas, mientras el Giro se encaminaba al norte, a la temida montaña dolomítica. Kappes se llevaba la siguiente etapa, con meta en Avezzano, en un sprint condicionado por la ausencia de Bontempi, que no pudo superar las mínimas dificultades orográficas de la jornada. Al día siguiente, en una etapa que se preveía tranquila, Toshiba repetía victoria merced a una gran actuación en los últimos kilómetros, que picaban ligéramente hacia arriba. Tanto Delgado como Jeff Bernard querían sacarse la espina de Campitello Matese, pero fue el francés el que más facilidad demostró en su ataque. Tras él saltaron el segoviano y Hampsten, pero no consiguieron contactar y fueron absorbidos por el pelotón. El golpe de mano de Jeff había sido espectacular y efectivo, recortando entre las bonificaciones y su propia ventaja 48 segundos. Subía hasta el séptimo puesto de la general, a 2:11 del liderato. Y en el pelotón se comenzaba a temer al francés. Parecía que su estado de forma, unido a su clase, le hacían ser superior al resto de sus rivales.

En las dos siguientes etapas, sendas volatas con victoria de sprinters italianos, Di Basco y Rosola. El primero un joven valor que hacía su presentación con esta actuación, y el segundo un veterano maestro dando sus últimos destellos de clase. Esto, en lo puramente deportivo. Pero, mientras el pelotón transitaba por carreteras soleadas, estos días lo que más se comentaba eran los rumores que apuntaban a mal tiempo en los Alpes Réticos y posibilidad de cancelar el ascenso tanto al Gavia como al Stelvio. La Cima Coppi (el Stelvio) tenía la carretera completamente nevada. Por su parte, del Gavia llegaban rumores que apuntaban el deficiente estado de la parte no asfaltada del puerto. Las dudas comenzaban a llegar al pelotón, aunque aún faltaban días para afrontar esos colosos.

La última etapa antes del atracón de montaña era la que debía finalizar en Colle Don Bosco. Pero unos manifestantes boicotearon la jornada. Torriani, el patrón del Giro, llegó a un acuerdo con ellos para que cesaran su boicot a cambio de ser filmados por la RAI. A pesar de ello, la organización no se fiaba y adelantó la línea de meta un kilómetro. El suizo Stuzt iba escapado, pero los coches seguidores le ordenaron parar la marcha, siendo absorbido por el pelotón, que entró agrupado en meta. Finalmente, se decidió dar por anulada la etapa, robando de esa manera el triunfo al suizo. Otro escándalo más, característico de los giros ochenteros.

Así pues, al comenzar el bloque montañoso (etapas de Selvino, Chiesa Valmalenco, Bormio, Merano 2000 e Innsbruck) la general estaba comandada por un lider de paja (Podenzana) que sacaba 45 segundos a Chiocchioli, un escalador del que se dudaba su fiabilidad, 1:18 a Zimmermann y 1:40 a Visentini, los corredores del Carrera, que en este momento parecían los mejor situados, 1:43 a Giupponi, la otra baza del equipo Del Tongo, 2:08 a Rominger, 2:11 a Bernard, que parecía el corredor más fuerte de la carrera, 2:30 a Breukink, 2:38 a Hampsten y 2:46 a Van Der Velde. Entre estos hombres debía estar el Giro.

El primer contacto con la montaña era sobre el papel el más flojo. Pese a contar con 3 puertos intermedios, la etapa se limitaba prácticamente los últimos 11 km del día, la ascensión a Selvino. Al no ser un puerto de grandes pendientes, se sabía que la diferencia iba a estar en segundos. Y así fue, excepto para el lider Podenzana. Los Del Tongo llevaban días planeando el asalto a la maglia rosa, y marcaron un fuerte ritmo que destrozó a la maglia rosa en los puertos intermedios. Acabaría llegando a meta a más de 16 minutos. Junto a él, el otro gran derrotado del día era Rominger, que se dejó otros 16 minutos y su buena plaza en la general. Se confirmaba que el suizo del Salotti era un corredor de clase pero al que se le atragantaba el paso de los días. De este sambenito no se desprendió hasta 4 años después, cuando ganó la Vuelta a España.

Mientras tanto, por delante se estaba jugando la victoria de etapa. Los Zahor volvieron a ser los más combativos. Atacó Juan Tomás Martínez al inicio de la subida final. Pero los Del Tongo lo querían tener todo controlado, y pusieron a tirar a Saronni, que desbarató tanto este intento como el posterior de Ocaña. En el momento en el que murió el ataque de Ocaña, a tres kilómetros de meta, atacó Hampsten. Delgado saltó a su rueda, pero el grupo volvió a darles caza. El americano lo probó de nuevo, junto a Breukink. Pese a que el holandés volvió a ser cazado, Hampsten abrió hueco. Perico volvió a intentar darle caza, pero ya era tarde. El corredor del Seven Eleven se había marchado hacia la victoria y el esfuerzo solo le reportó al segoviano ser segundo y arañar bonificaciones, puesto que el resto de favoritos (Breukink, Bernard, Visentini, Zimmermann y Chiocchioli) llegaron pisandole los talones, a 15 segundos del triunfador del día. Giupponi era de los corredores del grupo cabecero el que más justo llegaba, dejandose 27 segundos. Así pues, los Del Tongo lograban su objetivo, vistiendo a Chioccioli de rosa. Pero la dupla del Carrera seguía amenazadora, a 33 y 35 segundos. Giupponi se dejaba ya 1:10 sobre su compañero de equipo, mientras que el triunfador del día, Hampsten, era protagonista de un buen salto en la general, hasta el 5º puesto a 1:18. Bernard, que no había demostrado esa superioridad que se esperaba de él, estaba a 1:26, mientras el combativo Breukink se encontraba a 1:45. Esos eran los corredores en el límite de los 2 minutos, y los que se iban a jugar el rosa al final del Giro. Delgado había iniciado la remontada, pero los 4:43 que perdía en la general le ponían las cosas sumamente difíciles. Aunque, como él mismo decía, quedaba mucha montaña. Lo que en ese momento eran diferencias de segundos, dentro de no mucho serían diferencias de muchos minutos.

Al día siguiente, sin descanso, otra etapa montañosa. Una jornada muy corta, de 129 km, pero con una auténtica pared por en medio: el Passo di San Marco. Allí, un corredor quiso tomarse la revancha por lo sucedido el día anterior. Rominger atacaba en las rampas más duras del coloso, superaba a Ocaña (de nuevo batallador) y se marchaba hasta coronar en solitario, con 2 minutos de ventaja. Por detrás, Hampsten volvía a mover la carrera, llevandose con él al resto de favoritos. El que no estaba con ellos era Delgado, que antes de la cima protagonizaba una buena remontada y los cazaba. En el descenso, Rominger ampliaba la diferencia hasta los 4 minutos. A pie del último puerto ya tenía 5 minutos de renta. El final en Chiesa Valmalenco era sin embargo muy descafeinado, así que el suizo no tuvo problemas en imponerse con 4 minutos de ventaja. Por detrás llegaba un pelotón de 33 unidades todos en el mismo tiempo. La batalla había acabado en tablas en esta jornada. Pero al día siguiente todos sabían que se iban a decidir muchas cosas.

Esta etapa salía de Chiesa Valmalengo y, tras pasar por el puerto de Aprica, encaraba las terribles rampas del Gavia, cuya cima estaba a 24 kilómetros de la meta, en Bormio. Era, de nuevo, un día corto, pues solo se disputaban 120 km. Pero era una jornada muy temida, tanto por el coloso como por las condiciones climatológicas. Por un lado, el Gavia solo se había subido en una ocasión, 1960, siendo coronado por Massignan, que era adelantado en el descenso por el ganador de la etapa, nada menos que Charly Gaul. Los informes hablaban de un puerto con porcentajes muy duros y con la parte final sin asfaltar. Además, el parte meteorológico indicaba posibilidades de tormenta de nieve, lo que a la altura a la que se coronaba el Gavia (2621 m) presagiaba un día durísimo. Pero ni los más pesimistas se podían imaginar cuanto al irse a acostar la noche del 4 de junio de 1988.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Giro de Italia 1988: el infierno helado del Gavia (Parte I)

20 años han pasado desde aquella mítica jornada en la que los supervivientes de la 71ª edición del Giro de Italia tuvieron que afrontar la subida y posterior descenso del Passo di Gavia, en el reccorrido de la etapa que unía Chiesa di Valmalengo con Bormio. Fue uno de esos días que quedan marcados en la conciencia colectiva de un deporte. La frase más repetida fue que los corredores que consiguieron llegar a Bormio se habían ganado el carnet de ciclista para toda la vida. Poco importaba el puesto, ni el tiempo perdido. En una jornada tan dantesca, el deporte dejó de ser deporte y se convirtió en supervivencia. Hacía muchos años que no se vivía una etapa así. Han pasado otros 20 y no se ha repetido. Momentos para la historia, recuerdos que se fijan en la memoria y no se borran con el paso de los años: Van der Velde coronando el Gavia el primero y perdiendo 45 minutos unos kilómetros más abajo, en la meta de Bormio; Chiocchioli dejándose la maglia rosa y entrando en un túnel del que no saldría hasta 3 años después; Delgado con las manos casi cogeladas; Roberto Pagnin con cara agonizante tras cruzar la meta; todos los corredores ateridos, en unas imágenes que reflejaban a la perfección hasta dónde puede llegar el sufrimiento asociado a este deporte.

Pero, ¿eso fue todo? No. El giro 1988 fue una bellísima carrera, cuyo cenit fue esa 14ª etapa, pero que tanto antes como después tuvo un desarrollo muy interesante que intentaremos reproducir aquí. Fue una carrera con numerosos hechos relevantes. Si bien estuvo marcada por completo por la etapa del Gavia, el resto de jornadas no desmerecen demasiado la fama que ha alcanzado esa etapa de Bormio. Cierto, fue un Giro en el que aún se apreciaban los defectos que la carrera italiana arrastraba en los años ochenta: etapas anuladas, otras recortadas (aunque justificadamente, visto lo visto), pasividad en muchas etapas hasta los últimos kilómetros, sanciones que no se cumplían, plantes del pelotón... pero también aparecen los primeros síntomas de recuperación tras el periodo de Moser (que se retiraba ese año) y Saronni (en su penúltimo año como profesional).

Empecemos, pues, con la participación: Moser ya no estaba, y Saronni ya no intentaba más que conseguir triunfos parciales. Así pues, todas las esperanzas italianas estaban puestas en Visentini, tras su victoria en el 86 y su enfrentamiento con su compañero Roche en el 87. De todas formas, los 31 años que cumpliría el capitán del Carrera durante el Giro debían empezar a pesar. Más aún, cuando en su equipo estaba el suizo Zimmermann, que ya sabía lo que era ser podio en el Tour. El resto de la armada italiana no podía soñar con ganar una prueba de la entidad del Giro. El relevo generacional estaba ya en marcha, pero las futuras estrellas transalpinas estaban aún en pañales: Bugno era un corredor con gran punta de velocidad pero sin resistencia, Chiappucci no pasaba de ser un gregario batallador, y los que ya estaban destacando como Argentin y Fondriest, no tomarían la salida debido a sendas lesiones.

¿Y enfrente? Pues estaban todos los verdaderos favoritos, que se iban a jugar la carrera entre ellos, pese a que el nombrado por todos fuera Visentini debido a su condición de local. En cabeza de las apuestas, Delgado y Bernard, podio del pasado Tour junto al ausente Roche, baja para toda la temporada. El segoviano había decidido probar suerte ese año en el Giro, con el consiguiente revuelo que causó su ausencia en la ronda patria, que a punto estuvo de costarle la participación al Reynolds. Pese a que el objetivo principal era el Tour, no renunciaba a nada, manifestando incluso que sería el primer español en ganar el Giro. Las cosas acabarían poniendo a cada uno en su sitio. En cuanto a Bernard, había sido la gran revelación del pasado Tour, y todos le auguraban un futuro esplendoroso. Al igual que el segoviano, tenía el Tour en mente, pero en aquella época no se dejaban pasar oportunidades de ganar el Giro así como así.

El siguiente escalón lo encabezaba Breukink. Pese a su juventud, ya había sido podio el año anterior, quitándole el puesto a Marino Lejarreta. Además, parecía el corredor más en forma los meses anteriores; no en vano se había adjudicado el Criterium Internacional y la Vuelta al País Vasco. Junto a él, las apuestas daban posibilidades a corredores como el citado Zimmermann, Hampsten... poco más había donde elegir. Si acaso, una posible sorpresa como el suizo Rominger, o ver si el americano Lemond era capaz de recuperar su nivel anterior tras su accidente de caza que le tuvo en blanco en el año 1987 y la tendinitis que le amargó el año 1988.

En cuanto al recorrido, era variado e interesante. Pocos podían pensar el 23 de mayo de 1988, día de comienzo de la carrera italiana, en lo que iba a suceder 13 días después en las nevadas laderas del Gavia. Aún así, todo el mundo consideraba esa etapa como la reina de la carrera. Pero había muchos otros puntos donde dar espectáculo. El Giro empezaba con una crono que haría de prólogo, para dos días después afrontar una contrarreloj por equipos. Posteriormente, el típico primer final en alto de la ronda transalpina, en este caso en Campitello Matese. En los últimos diez días, un auténtico empacho montañoso: las etapas de Selvino, Chiesa Valmalenco (con el Passo di San Marco), Bormio (con el Gavia), Merano 2000 (con el Stelvio, aunque recién comenzada la etapa) e Inssbruck (con el Passo del Rombo) precedían a una cronoescalada del Valico del Vetriolo. Por si quedara algo por decidir, una etapa en la que se sale de los Dolomitas atravesando el Passo Duran, y el punto final con una crono en la última etapa, en Vittorio Veneto, en las cercanías de Venecia. Como se puede ver, un recorrido selectivo, aunque con la trampa de que los puertos más duros (a excepción del Gavia), tales como el Stelvio, Rombo y Duran, estaban muy lejos de meta. ¿O eso sería un acicate para ver grandes batallas durante multitud de kilómetros?

El recorrido completo era éste:

ETAPAFECHARECORRIDOKM
23 de mayo Urbino9 (CRI)
24 de mayo Urbino-Ascoli Piceno230
25 de mayo Ascoli Piceno-Vasto184
4ªa26 de mayo Vasto-Rodi Garganica123
4ªb26 de mayo Rodi Garganica-Vieste40 (CRE)
27 de mayo Vieste-Santa Maria Capua Vetere260
28 de mayo Santa Maria Capua Vetere-Campitello Matese137
29 de mayo Campitello Matese-Avezzano178
30 de mayo Avezzano-Chianciano251
31 de mayo Pienza-Marina di Massa239
10ª1 de junio Carrara-Salsomaggiore190
11ª2 de junio Parma-Coll con Bosco229
12ª3 de junio Novara-Selvino205
13ª4 de junio Bérgamo-Chiesa Val Malenco129
14ª5 de junio Chiesa Val Malenco-Bormio120
15ª6 de junio Bormio-Merano 200083
16ª7 de junio Merano-Innsbruck176
17ª8 de junio Innsbruck-Borgo Valsugana221
18ª9 de junio Levico Terme-Valico del Vetriolo18 (CRI)
19ª10 de junio Borgo Valsugana-Arta Terme233
20ª11 de junio Arta Terme-Lido del Jesolo212
21ªa12 de junio Jesolo-Vittorio Veneto73
21ªb12 de junio Vittorio Veneto43 (CRI)


Aquí podemos ver los perfiles de las principales etapas:



1ª Urbino (CRI)

4ªb Rodi Garganica-Vieste (CRE)

6ª Santa Maria Capua Vetere-Campitello Matese

12ª Novara-Selvino

13ª Bérgamo-Chiesa Val Malenco

14ª Chiesa Val Malenco-Bormio

15ª Bormio-Merano 2000

18º Levico Terme-Valico del Vetriolo (CRI)

19ª Borgo Valsugana-Arta Terme


21ªb Vittorio Veneto

Todo estaba preparado para la lucha, tanto los contendientes como el terreno...