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viernes, 13 de marzo de 2015

Ciclocross Tabor 2015: La rabia de los segundones

El 31 de enero de 2015, a las 14:00, Sanne Cant era una ciclista confiada en sus posibilidades. Tras hacer la mejor temporada de su carrera, en la que se había impuesto en la Copa del Mundo, en el Campeonato de Bélgica y en el Campeonato de Europa, partía en la parrilla de salida del mundial femenino de ciclocross con ambición, siendo consciente de que estaba ante una gran oportunidad de colgarse una medalla de la que solo había disfrutado en una ocasión con anterioridad, concretamente en 2012.

24 horas después, el 1 de febrero, Wout Van Aert salía con la misma confianza en sus posibilidades. Pese a tener tan solo 20 años y, por tanto, corresponderle aún la categoría Sub-23, había tenido una temporada sensacional en sus participaciones en carreras élite, consiguiendo numerosas victorias. Es más, muchos le nombraban como el corredor más fuerte del año y le otorgaban el cartel de favorito para el mundial, pese a su bisoñez.

Al terminar ambas carreras, tanto Sanne como Wout se colgaban en sus hombros sendas medallas de plata, tras completar grandes carreras, obteniendo sus mejores resultados en un mundial absoluto (en el caso de Van Aert era su estreno). A pesar de ello, ambos sentían una mezcla de enfado, cabreo y decepción que les comía por dentro. Para los dos, no quedaba otra sensación en su interior que la de la rabia de los segundones.

© Graham Watson
Cant, junto con Pauline Ferrand-Prevot, había sido la más fuerte de la carrera femenina. Había comandado el grupo perseguidor durante buena parte de la prueba, había perseguido a Ferrand-Prevot cuando la francesa intentó escaparse en solitario, incluso había intentado atacarla cuando llegó a su altura. Fue en vano, en las últimas curvas Pauline consiguió una ligerísima ventaja que el sprint final de la belga no pudo neutralizar: se quedó corta por escasos metros. A pesar de ello, había superado claramente a favoritas como Katherine Nash (que corría como local) o la mítica Marianne Voss (eso sí, mermada por una lesión sufrida los día anteriores).

© Tim de Waele
Van Aert también era considerado el más fuerte de la carrera masculina junto a Mathieu van der Poel. Su némesis, apenas unos meses más joven, pero con un potencial tan o más grande que Wout en el ciclocross. De hecho, acababa de proclamarse el campeón del mundo de ciclocross más joven de la historia, tras una carrera plena de valentía y fuerza, escapado desde el inicio. Por contra, Van Aert había ido toda la carrera a remolque, debido a los múltiples incidentes que sufrió: todo empezó con una salida de cadena a punto de terminar la primera vuelta, cuando perseguía al lider, Van der Poel, prácticamente a su rueda. Ésta fue la primera clave de la carrera, ya que el holandés se sintió solo y decidió jugarse el todo por el todo, apretando para obtener la máxima ventaja. Por su parte, el belga pasaba por meta el cuarto a 12 segundos, y se veía obligado a comenzar su primera remontada.

Rápidamente alcanzaba a Pauwels y, con él a rueda, llegaba hasta Van del Poel para formar un trío cabecero. Pero a los pocos segundos volvía a sufrir otro problema con la bici. Éste ya sí que fue definitivo: Mathieu se escapaba por delante y ya nadie volvería a cogerle rueda en todo el día, mientras que Wout pasaba por meta ya muy descolgado del grupo de perseguidores (reducido a Pauwels, Van der Haar, Meeusen y Vantornout. Los 17 segundos que cedía empezaban a ser un serio problema. 29:02

La carrera femenina había seguidos en sus inicios unos pasos más "tradicionales", con alternativas entre las corredoras punteras, hasta que finalmente Lucie Chainel-Lefevre decidió endurecer la carrera. Por detrás había vigilancia entre Vos, Cant y las británicas Wyman y Harris, lo que permitió que antes de acabar la primera vuelta conectaran con el grupo que se acabaría jugando la carrera primero Ferrand-Prevot y posteriormente Katherine Nash.

En la carrera masculina, Van Aert inicia una nueva remontada que le lleva hasta el grupo perseguidor, del que marcha unos metros retrasado Vantornout. Tras superar a su espigado compatriota. Wout sufre un nuevo incidente: esta vez es una caída, en la que sale despedido de la bicicleta. Pierde mucho tiempo en recuperarse y volver a sentirse cómodo, tanto que durante esa vuelta tiene a muy poca distancia por detrás al grupo de Nys, que desde el principio había quedado descartado de la lucha por las medallas. Mientras tanto, por delante, Van der Poel sigue con una ventaja que aún no es tranquilizadora sobre sus perseguidores, que ya solo son Pauwels y Van der Haar, puesto que Meeusen también está empezando a ceder y Vantornout va haciendo la goma.

© Tom Prenen
Ferrand-Prevot se sentía fuerte, y fue acelerando hasta alcanzar a su compatriota, con lo que acabaron reagrupandose las dos francesas, Cant, Vos, Nash y Harris. A partir de aquí Pauline y Sanne jugaron al gato y al ratón entre ellas. La francesa mostraba su ambición atacando permanentemente y a la belga le tocaba perseguirla, tirando de un grupo perseguidor que cada vez se tensaba más. Primero cedió Chainel-Lefevre, mientras que Cant hacía un nuevo esfuerzo hasta enganchar con la cabeza de carrera. Por detrás la holandesa, checa y británica se alternaban en la persecución. Pese a todo, no cedían definitivamente pero dejaban claro que estaban un punto por debajo de las dos más fuertes del día.

Van Aert pasa por meta a falta de 5 vueltas con 50 segundos de retraso sobre Van der Poel y 39 sobre Pauwels y Van der Haar. La victoria está perdida y el podio parece que también. Pero el joven belga, con el maillot roto debido a su caída, saca toda su rabia interior y empieza a apretar las piernas contra los pedales, intentando buscar el devastador ritmo que ha encontrado en determinados momentos de esta campaña. Mientras Mathieu por delante empieza a poner tierra de por medio, subiendo su ventaja hasta los 18 segundos sobre Pauwels y Van der Haar, Wout consigue ir recortando tiempo hasta dar caza al duo de Meeusen y Vantornout, tirar de ellos y, a falta de 3 vueltas, acabar soltándolos. En ese momento está a 35 segundos de Van der Poel, a 23 de Van der Haar, que ha soltado a Pauwels y se va en busca de su compatriota y a 19 del primer corredor belga hasta ese momento, que empieza a acusar el esfuerzo de perseguir el ritmo brutal de Mathieu. Una vuelta después, el encendido Van Aert ha reducido a cenizas la ventaja que le llevaba Pauwels, le ha adelantado y todo el mundo sabe que en breve le va a dejar tirado. Tras una fantástica remontada tiene el podio en el bolsillo pero, ¿conseguirá algo más? Solo le quedan 2 vueltas para reducir los 28 segundos que le lleva Van der Poel y los 18 que le lleva Van der Haar, que está viendo que no puede acercarse lo suficiente a la cabeza de carrera...

© Mike Albright
Poco antes de terminar la penúltima vuelta Cant lanzaba un ataque que le daba unos segundos de ventaja, pero la fuerza de Ferrand-Prevot y el tiempo que la francesa recortaba en las curvas más cerradas hacían que al empezar la última vuelta ambas volvieran a rodar juntas. En este último giro, pleno de tensión y de alternativas, la francesa consiguió mantener a raya a la belga, confiando en su mejor sprint. Incluso, en los últimos 500 metros despegó un poco a Cant, pero la última curva propició que Sanne entrara en la recta decisiva a rueda de Pauline. Fue un sprint largo, de casi 15 segundos, en el que la belga fue recortando centímetros a la francesa y poniéndose a su altura, hasta que...

En la persecución de Van Aert, Pauwels no dura apenas nada a su rueda. Cuando se cumple la hora de carrera, los ciclistas afrontan la última vuelta, con Van der Poel casi campeón, puesto que Van der Haar se mantiene a 11 segundos de él. Van Aert pasa a 21 de la cabeza, por lo que está claro que no tiene terreno suficiente para llegar hasta Mathieu. Pero se sigue sintiendo fuerte y continúa acelerando, mientras que Van der Haar acusa cada vez más el cansancio. Pese a contar con 10 segundos de ventaja, la presión del belga sobre él es agobiante, hasta que llegando a las últimas curvas consigue contactar. Mientras por delante Van der Poel entra en meta entre lágrimas después de la victoria histórica que ha conseguido, por detrás Van Aert arrebata el segundo puesto a Van der Haar en la última curva y mantiene la posición en el sprint final, posiblemente el arma más mortífera del holandés. Pero en una carrera tan al límite se acaban imponiendo las fuerzas del belga, que entra en meta lanzando el puño al aire en señal de rabia y enfado.

© Michal Svacek
El mismo gesto lo había realizado 24 horas antes Sanne Cant, tras perder el apretado sprint contra Pauline Ferrand-Prevot. La medalla de plata era especialmente dolorosa por lo cerca que había estado del oro y por la magnífica oportunidad que había perdido de conquistar la carrera más importante del año en la especialidad, tras haber firmado una brillante temporada. Por detrás, Marianne Vos conseguía la medalla de bronce gracias a una caída de Nash en los últimos metros. Para la holandesa un podio, tras 7 medallas de oro, no tiene un gran significado en si mismo, pero el hecho de llegar a la carrera mermada de fuerzas realza el pundonor que demostró durante todo el día.

Tanto Sanne como Wout habían repetido el mismo gesto al entrar en meta. Si bien las circunstancias eran distintas, puesto que una acababa de perder un sprint y el otro acababa de ganarlo, ambos sentían que habían dejado escapar la oportunidad, que pese a haber hecho una gran carrera no se llevaban el premio soñado y que, en esta ocasión, alguien les había arrebatado la gloria que estaban preparados para recibir. En resumen, y al menos por un día, sentían la rabia de los segundones.
© brakethroughmedia.com

© Mike Albright

miércoles, 11 de febrero de 2009

Giuseppe Saronni: Hoy estás en la cima, mañana empezarás a caer (Parte II)

Y volvemos a ese día en la campiña inglesa. Al principio los franceses han intentado poner nerviosos a sus rivales, con una escapada de Vallet. Son todo fuegos de artificio, porque mucho antes del final Hinault se retira, lo mismo que Maertens, campeón saliente. En la última vuelta lo intentan Kuiper y Lejarreta, que está muy fuerte. Pero el holandés no puede seguir el ritmo del vasco, que sabe que solo no aguantará la última vuelta y se deja cazar para recuperar fuerzas. Por fin, llegamos a esos últimos metros. Lejarreta lo vuelve a intentar, y a su rueda salta el estadounidense Jonathan Boyer, que le supera y se marcha en solitario. Parece que va a ganar, pero por detrás se ve un maillot de EEUU tirando del indeciso pelotón. Es Lemond, en uno de sus momentos más vergonzosos, cegado por el egoismo, el que acerca lo suficiente al grupo. De repente, una flecha azul salta del pelotón y se va para ganar, por delante del propio Lemond y de Kelly. Es Saronni, con su mítica "fucilata". Un ataque numerosas veces comentado y comparado, pero jamás repetido. Al ver las imágenes parece como si un profesional compitiera contra alevines. Solo por eso y por las 3 Roubaix consecutivas de Moser, quedan perdonados los años "moser-saronnianos", que tanto daño le hicieron al Giro en particular y al ciclismo italiano en general.

Saronni es por fin "maglia iridata". Y además, está desencadenado. Se presenta al Giro de Lombardía, una carrera que por sus características (el más montañoso de los Monumentos) nunca ha estado cerca de ganar. Hace una carrera perfecta, cazando él solo a Visentini, que se había escapado en la último tramo de descenso, y vence en el sprint al grupo de favoritos.


1983 arranca como terminó el año anterior. Saronni es un coloso y cualquier objetivo está a su alcance. En el camino preparatorio a la Sanremo, llega de lider a la última crono, donde se relaja para no llegar cansado a la clasicisima. En ella, un grupo de 14 favoritos llegan juntos al Poggio. Allí ataca Juan Fernández, pero es cazado y saronni lanza su ataque antes de comenzar el tramo más técnico de la bajada. De nuevo, cuando se gira hacia atrás sus supuestos rivales han desaparecido. En meta por fin puede quitarse el amargor de 3 segundos puestos en esta carrera. Ahora mismo, todo lo que toca lo convierte en oro.

Se prepara para debutar en la Vuelta a España, atraido por el dinero que le pagará el organizador, Unipublic, que quiere contar con un gran elenco extranjero en esta mítica edición. Antes de eso, le da tiempo a ser segundo en la Lieja, solo superado por un imberbe Steven Rooks. En el prólogo de la Vuelta no tiene suerte y se cae. Ante una evidente falta de motivación, deja pasar una etapa que le viene como un guante, la primera con llegada al Castillo de Cuenca. Tampoco en los sprints llanos consigue arañar ninguna victoria, siendo superado por el nuevo fenómeno de las volatas, el belga Vanderaerden. En la montaña pirenáica queda claro que Beppe no tiene intención de disputar la general, pues pierde mucho tiempo. Además, su situación se agrava por culpa de una bronquitis. Cuando más arrecian las críticas locales, llega la etapa de Zaragoza, con final en la subida al Casino Montes Blancos, y vuelve a sacar su inigualable arrancada. Ya tiene la primera etapa de la ronda. Al día siguiente, la famosa jornada de la encerrona a Marino que le costó perder el liderato y posiblemente la Vuelta, vuelve a imponerse. Su última aportación en la carrera será tensar el grupo en Peña Negra, el día de Ávila, para que después Hinault hiciera el destrozo por todos conocido en Serranillos. Ni siquiera termina esa etapa, pues se retira para preparar el Giro, entre las críticas de los aficionados españoles que le acusan de trabajar para el lider de Renault.

El Giro, igual que 4 años antes estaba pensado para Moser, está ahora diseñado para Saronni. Hay bonificaciones para los 4 primeros en meta, que alcanzan hasta los 30 segundos para el vencedor de cada etapa. Se dedica a coleccionar una enorme cantidad de segundos en los sprints que le son más favorables, y en la séptima etapa, en Salerno, ya se apodera de la maglia rosa que atesora Contini hasta ese momento. En la crono de Parma consigue una sensacional victoria, que le da un colchón enorme para defenderse de los ataques de los españoles, que dominan en los Dolomitas. De las 4 únicas etapas "de montaña", 3 de ellas (Campitello Matese, Colle di San Fermo y Selva di Valgardena) son unipuerto, por lo que minimiza las pérdidas sobre Alberto Fernández (el mejor escalador de este Giro) y Visentini. Tan solo en la última etapa montañosa, con el Pordoi y otros 4 puertos en el menú, sufre ante el ataque de Visentini. Pero el lider del Inoxpran no consigue la colaboración de Becchia y finalmente no consigue una ventaja apreciable sobre Saronni. El campeón del mundo parte en la última crono con casi dos minutos sobre Visentini y, aunque pierde uno de ellos, se acaba imponiendo en la corsa rosa tal y como estaba planificado al inicio.


Y, por fin, volvemos de nuevo a ese podio de Udine del que se baja feliz Saronni, completado el círculo mágico desde el mundial hasta aquí. El espejismo que ha vivido arriba está olvidado. ¿Espejismo? Lo cierto es que a partir de este día, Saronni pierde de repente ese golpe de pedal que llevaba meses demostrando. Lógico, si se tiene en cuenta lo complicado de mantener la forma durante tanto tiempo. El problema llega si no se vuelve a recuperar nunca. El resto de año es un continuo fracaso para el capitán del Del Tongo. No consigue ningún otro resultado positivo, quedando 17º en el mundial y perdiendo el Super Prestige Pernod (el equivalente de la época al Pro Tour, pero con mucho más prestigio), que tan bien encarrilado tenía al principio de la temporada. Kelly y Lemond llegaron con más hambre al final del año y fueron los que se lo disputaron, con victoria para el americano.

Si el final de 1983 fue muy malo para Saronni, 1984 fue aún peor. No solo se pasó un año entero sin conseguir nada remotamente destacable. A esto se unió que su eterno rival Francesco Moser resurgió de sus cenizas y gracias a las ayudas de Francesco Conconi tuvo, ya en su madurez, un año espléndido. El trentino batió el mítico Record de la Hora de Merckx, ganó la Sanremo y el Giro. Había vuelto a conquistar el corazón de la Italia ciclista, algo más doloroso para Saronni que quedarse sin victorias. Pero parecía increible que un corredor intratable un año antes, se hubiera quedado reducido a la nada.

En el 85 Saronni sigue sin ser ni la sombra de si mismo. Tan solo consigue dos etapas en el Giro y victorias menores. Para alguien que años atrás era el total dominador de la temporada transalpina son solo migajas.


En el 86 tiene lugar su canto del cisne en el Giro de Italia. En el camino de preparación gana el Trofeo Pantalica y se lleva etapas en la Vuelta a Andalucía y el Giro dellla Puglia, además de ser cuarto en la Sanremo. En el Giro, vuelve a recuperar un gran nivel, portando la maglia rosa durante 11 etapas, merced a las bonificaciones que consigue en las llegadas (pese a no ganar ningún parcial, es segundo en 3 de las jornadas iniciales) y al gran papel de su equipo en la crono por equipos. En la crono de Siena, 12ª etapa, refuerza su liderato al ser tercero tras su compañero Piasecki y Roberto Visentini. Precisamente será este último el que en la etapa con final en la subida a Foppolo, previo paso por el San Marco, le arrebate el liderato. En un día en que se impone el español Pedro Muñoz, Saronni no resiste el puerto más duro de la edición de este año y pierde contacto con los mejores escaladores, como el propio Muñoz, Visentini, Lemond, Corti, Chioccioli y Baronchelli. En meta se deja dos minutos y medio y el liderazgo. En la crono de Cremona (última victoria de Moser en el Giro) Visentini no falla y solo pierde 4 segundos con Saronni. La suerte está echada. En las dos etapas montañosas que restan (la de Pejo Terme y la de Bolzano con el Pordoi) la general no se mueve, y Visentini le devuelve a Saronni el resultado de 3 años antes. Ese año terminará con una medalla de bronce en el mundial de Colorado Springs, aunque con el sabor agridulce de que todos los focos son para su compañero de selección Argentin, que se hace con el oro. Beppe nunca más volverá a ser protagonista en los grandes eventos del calendario.


Desde el 86 hasta el 90, año de su retirada, continuó dando tumbos y arrastrando su nombre y prestigio. Sus 3 últimos años, ya sin su viejo rival Moser en las carreteras, se limitó a contemplar a los jovenes italianos como Argentin, Fondriest o Bugno mientras estos conseguían sus victorias. Su época, una época en la que el ciclismo italiano eran él, Moser y nadie más, había pasado. Con su última victoria, el Giro di Reggio di Calabria del 25 de marzo de 1990, cerraba una exitosa carrera en la que había conseguido 195 triunfos. El niño prodigio había completado unas temporadas de ensueño, siendo el estandarte, junto a su opuesto Moser, de uno de los países más importantes del mundo ciclista. Pero cuando estaba en la lo más alto, en la cima, alguien le avisó de que su reinado acababa de terminar. Probablemente en ese momento él no lo creyó. Pero cuando el 17 de octubre de 1990 se retiró al concluir la Milano-Torino, no pudo dejar de pensar que realmente todo había terminado esa tarde de junio en Udine.

domingo, 8 de febrero de 2009

Giuseppe Saronni: Hoy estás en la cima, mañana empezarás a caer (Parte I)

Udine, 5 de junio de 1983. Giuseppe Saronni acaba de ganar su segundo Giro. Con esto, cierra unos meses auténticamente impresionantes. Ha ganado todo lo que un italiano desea ganar desde que es niño y le regalan su primera bicicleta: el mundial, Lombardía, la Sanremo y el Giro. No puede haber en estos momentos ciclista más feliz en el mundo. El Lombardo (nacido en el Piamonte pero crecido cerca de Milán) lleva 6 años impresionantes, donde ha ganado la mayoría de las carreras importantes italianas. Además, es joven, pues tiene solo 25 años. Toda una carrera le aguarda por delante para hacer de su palmarés una leyenda. Como guinda, su gran rival Francesco Moser empieza a acusar los años y, a punto de cumplir los 32, parece que sus mejores temporadas han pasado. Todo le sonríe a "Beppe". El futuro pinta de color de rosa, el mismo que viste él en estos momentos.

Pero, de repente, en lo alto del podio de Udine, se gira al oír su nombre. Lo único que encuentra es uno de los duendecillos del ciclismo, de la misma familia del "tío del mazo", que pueblan la mitología ciclista. Solo le dice una frase, antes de desaparecer: "Hoy estás en la cima, mañana empezarás a caer". El capitán de la GIS Del Tongo se sorprende, se queda preocupado, pero finalmente decide no darle más importancia a lo que cree haber visto y volver a mirar al frente. Allí ve a lo tifossi coreando su nombre y aplaudiendole. Es un héroe. Pero, ¿cómo han sido estos últimos meses? Para entenderlo, hay que retrotraerse justo 9 meses, al 5 de septiembre de 1982, a Goodwood, en los alrededores de Leicester.

En plena campiña inglesa se corre un mundial en el que Saronni es el gran favorito. Un circuito no demasiado selectivo pero con un final en cuesta de aproximadamente una milla. El tipo de llegada que le va perfecto a Beppe. Tras muchos años de disputas entre Saronni y Moser, el seleccionador azzurro, Martini, ha designado a Saronni como jefe de filas. Los italianos lo tienen claro. No se debe repetir lo del año pasado en Praga, donde la estrategia de los transalpinos fue cuanto menos dudosa, con ataques cuando estaba designado que se llegara al sprint, y con un final en el que Baronchelli dejó demasiado lejos a Saronni, que se vió superado en el último arreón por Maertens. Este año hay que rematar adecuadamente, y nadie mejor que Saronni para ello. El joven corredor atesora ya un palmarés envidiable. Repasemoslo un momento:

Saronni pasó a profesionales a los 19 años. Tan joven, que necesitó un permiso especial para ello. En aficionados se había labrado un gran palmarés, tanto en ruta como sobre todo en pista, donde había logrado un montón de victorias y había adquirido la punta de velocidad que tantas satisfacciones le daría en el futuro. En su primera carrera, el Laigueglia del 77, es segundo tras el campeón mundial Maertens. La carta de presentación era impresionante. Ese mismo año ya se hace con 9 victorias, todas ellas menores. Su primer éxito es el Trofeo Pantalica. Moser es tercero, frenado por una moto. La rivalidad ha comenzado. Francesco se toma la revancha en la Flecha Valona, donde vence por delante de Saronni. Su gran temporada le hacen ser convocado para el mundial de San Cristobal, donde trabaja para la victoria de Moser y aún así acaba con fuerzas para ser noveno.

Pero al año siguiente Beppe ya da muestras de que estamos ante un monstruo preparado para marcar época. Se lleva carreras como la Tirreno-Adriático, 3 etapas en el Giro (donde termina 5º), es segundo en la Sanremo tras hacer la mayor parte del trabajo a De Vlaeminck y, tras ganar numerosas carreras, roza el podio del mundial al ser cuarto, siempre con Moser (medalla de plata) como capitán.

En el 79 consigue su primera gran victoria, al imponerse a Moser en un Giro pensado para el trentino. Torriani empezaba la época "moser-saronianna" con un recorrido en el que primaban las cronos y con una montaña ridícula. Pero el gran favorito falló en la cronoescalada a San Marino, donde Saronni protagonizó una exhibición. A partir de ahí Beppe, vestido de rosa, se limitó a controlar a sus rivales, Knudsen y Moser, muy limitados en montaña. Puesto que Knudsen se tuvo que retirar a consecuencia de una caída, el duelo italiano quedó servido hasta el final. Pero no hubo más historia que el dominio de Saronni, más en forma, sobre Moser. El resto del año se cerró con las victorias en el Campeonato de Zurich, Giro de Romandía, Midi Libre e innumerables victorias de etapa en vueltas pequeñas. Las grandes clásicas se le siguen resistiendo, pues vuelve a ser segundo en Sanremo (de nuevo tras De Vlaeminck), en la Flecha (esta vez batido al sprint por Hinault) y en la Paris-Tours. En el mundial falla, pues no consigue ser más que octavo. Despide el año con una victoria en el Trofeo Baracchi, crono por parejas, haciendo dueto con... Francesco Moser. Por lo visto ni se hablaron hasta comenzar la carrera.

1980 es el año en el que tiene que confirmar lo que se espera de él. Y vaya si lo hace. En Sanremo repite su conocida segunda posición. Vence por fin la Flecha Valona dando una exhibición, dejando tirado a Hinault en la última cota y ganando a Nilsson el sprint. En el Giro, se lleva la friolera de 7 etapas, pero la montaña (con el Stelvio en el menú) es demasiado para él. De hecho, tendrá que trabajar para su compañero Panizza, que acaba segundo tras Hinault. Finalmente, entre su ingente cantidad de victorias anuales figura el campeonato de Italia, que le hace vestir la tricolore durante un año. Fracasa, sin paliativos, en el mundial de Sallanches, donde se ve obligado a abandonar ante la tortura en que convierte Hinault la carrera.

En 1981 sigue incrementando su palmarés, pero en parte es un año amargo para él. Pese a sus tres victorias de etapa en el Giro y su tercer puesto tras Battaglin y Prim, se queda a las puertas de la victoria tanto en Romandía, como en la Tirreno Adriático como en el mundial. Tres segundos puestos dolorosos, sobre todo el último, cuando tenía todo de cara para ganar.

En 1982 su aproximación al Giro es muy buena, con victorias en el Giro de Cerdeña, la Milán-Turín, la Tirreno-Adriático y el Giro del Trentino. En la carrera italiana vuelve a estar lejos de la lucha por la victoria (es sexto) pese a imponerse en 3 etapas. Pero acaba en buena forma, lo que le lleva a vencer en la Vuelta a Suiza. Durante el verano repone fuerzas y se aproxima al mundial ganando la Vuelta a Alemania y la Copa Agostini...