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miércoles, 11 de febrero de 2009

Giuseppe Saronni: Hoy estás en la cima, mañana empezarás a caer (Parte II)

Y volvemos a ese día en la campiña inglesa. Al principio los franceses han intentado poner nerviosos a sus rivales, con una escapada de Vallet. Son todo fuegos de artificio, porque mucho antes del final Hinault se retira, lo mismo que Maertens, campeón saliente. En la última vuelta lo intentan Kuiper y Lejarreta, que está muy fuerte. Pero el holandés no puede seguir el ritmo del vasco, que sabe que solo no aguantará la última vuelta y se deja cazar para recuperar fuerzas. Por fin, llegamos a esos últimos metros. Lejarreta lo vuelve a intentar, y a su rueda salta el estadounidense Jonathan Boyer, que le supera y se marcha en solitario. Parece que va a ganar, pero por detrás se ve un maillot de EEUU tirando del indeciso pelotón. Es Lemond, en uno de sus momentos más vergonzosos, cegado por el egoismo, el que acerca lo suficiente al grupo. De repente, una flecha azul salta del pelotón y se va para ganar, por delante del propio Lemond y de Kelly. Es Saronni, con su mítica "fucilata". Un ataque numerosas veces comentado y comparado, pero jamás repetido. Al ver las imágenes parece como si un profesional compitiera contra alevines. Solo por eso y por las 3 Roubaix consecutivas de Moser, quedan perdonados los años "moser-saronnianos", que tanto daño le hicieron al Giro en particular y al ciclismo italiano en general.

Saronni es por fin "maglia iridata". Y además, está desencadenado. Se presenta al Giro de Lombardía, una carrera que por sus características (el más montañoso de los Monumentos) nunca ha estado cerca de ganar. Hace una carrera perfecta, cazando él solo a Visentini, que se había escapado en la último tramo de descenso, y vence en el sprint al grupo de favoritos.


1983 arranca como terminó el año anterior. Saronni es un coloso y cualquier objetivo está a su alcance. En el camino preparatorio a la Sanremo, llega de lider a la última crono, donde se relaja para no llegar cansado a la clasicisima. En ella, un grupo de 14 favoritos llegan juntos al Poggio. Allí ataca Juan Fernández, pero es cazado y saronni lanza su ataque antes de comenzar el tramo más técnico de la bajada. De nuevo, cuando se gira hacia atrás sus supuestos rivales han desaparecido. En meta por fin puede quitarse el amargor de 3 segundos puestos en esta carrera. Ahora mismo, todo lo que toca lo convierte en oro.

Se prepara para debutar en la Vuelta a España, atraido por el dinero que le pagará el organizador, Unipublic, que quiere contar con un gran elenco extranjero en esta mítica edición. Antes de eso, le da tiempo a ser segundo en la Lieja, solo superado por un imberbe Steven Rooks. En el prólogo de la Vuelta no tiene suerte y se cae. Ante una evidente falta de motivación, deja pasar una etapa que le viene como un guante, la primera con llegada al Castillo de Cuenca. Tampoco en los sprints llanos consigue arañar ninguna victoria, siendo superado por el nuevo fenómeno de las volatas, el belga Vanderaerden. En la montaña pirenáica queda claro que Beppe no tiene intención de disputar la general, pues pierde mucho tiempo. Además, su situación se agrava por culpa de una bronquitis. Cuando más arrecian las críticas locales, llega la etapa de Zaragoza, con final en la subida al Casino Montes Blancos, y vuelve a sacar su inigualable arrancada. Ya tiene la primera etapa de la ronda. Al día siguiente, la famosa jornada de la encerrona a Marino que le costó perder el liderato y posiblemente la Vuelta, vuelve a imponerse. Su última aportación en la carrera será tensar el grupo en Peña Negra, el día de Ávila, para que después Hinault hiciera el destrozo por todos conocido en Serranillos. Ni siquiera termina esa etapa, pues se retira para preparar el Giro, entre las críticas de los aficionados españoles que le acusan de trabajar para el lider de Renault.

El Giro, igual que 4 años antes estaba pensado para Moser, está ahora diseñado para Saronni. Hay bonificaciones para los 4 primeros en meta, que alcanzan hasta los 30 segundos para el vencedor de cada etapa. Se dedica a coleccionar una enorme cantidad de segundos en los sprints que le son más favorables, y en la séptima etapa, en Salerno, ya se apodera de la maglia rosa que atesora Contini hasta ese momento. En la crono de Parma consigue una sensacional victoria, que le da un colchón enorme para defenderse de los ataques de los españoles, que dominan en los Dolomitas. De las 4 únicas etapas "de montaña", 3 de ellas (Campitello Matese, Colle di San Fermo y Selva di Valgardena) son unipuerto, por lo que minimiza las pérdidas sobre Alberto Fernández (el mejor escalador de este Giro) y Visentini. Tan solo en la última etapa montañosa, con el Pordoi y otros 4 puertos en el menú, sufre ante el ataque de Visentini. Pero el lider del Inoxpran no consigue la colaboración de Becchia y finalmente no consigue una ventaja apreciable sobre Saronni. El campeón del mundo parte en la última crono con casi dos minutos sobre Visentini y, aunque pierde uno de ellos, se acaba imponiendo en la corsa rosa tal y como estaba planificado al inicio.


Y, por fin, volvemos de nuevo a ese podio de Udine del que se baja feliz Saronni, completado el círculo mágico desde el mundial hasta aquí. El espejismo que ha vivido arriba está olvidado. ¿Espejismo? Lo cierto es que a partir de este día, Saronni pierde de repente ese golpe de pedal que llevaba meses demostrando. Lógico, si se tiene en cuenta lo complicado de mantener la forma durante tanto tiempo. El problema llega si no se vuelve a recuperar nunca. El resto de año es un continuo fracaso para el capitán del Del Tongo. No consigue ningún otro resultado positivo, quedando 17º en el mundial y perdiendo el Super Prestige Pernod (el equivalente de la época al Pro Tour, pero con mucho más prestigio), que tan bien encarrilado tenía al principio de la temporada. Kelly y Lemond llegaron con más hambre al final del año y fueron los que se lo disputaron, con victoria para el americano.

Si el final de 1983 fue muy malo para Saronni, 1984 fue aún peor. No solo se pasó un año entero sin conseguir nada remotamente destacable. A esto se unió que su eterno rival Francesco Moser resurgió de sus cenizas y gracias a las ayudas de Francesco Conconi tuvo, ya en su madurez, un año espléndido. El trentino batió el mítico Record de la Hora de Merckx, ganó la Sanremo y el Giro. Había vuelto a conquistar el corazón de la Italia ciclista, algo más doloroso para Saronni que quedarse sin victorias. Pero parecía increible que un corredor intratable un año antes, se hubiera quedado reducido a la nada.

En el 85 Saronni sigue sin ser ni la sombra de si mismo. Tan solo consigue dos etapas en el Giro y victorias menores. Para alguien que años atrás era el total dominador de la temporada transalpina son solo migajas.


En el 86 tiene lugar su canto del cisne en el Giro de Italia. En el camino de preparación gana el Trofeo Pantalica y se lleva etapas en la Vuelta a Andalucía y el Giro dellla Puglia, además de ser cuarto en la Sanremo. En el Giro, vuelve a recuperar un gran nivel, portando la maglia rosa durante 11 etapas, merced a las bonificaciones que consigue en las llegadas (pese a no ganar ningún parcial, es segundo en 3 de las jornadas iniciales) y al gran papel de su equipo en la crono por equipos. En la crono de Siena, 12ª etapa, refuerza su liderato al ser tercero tras su compañero Piasecki y Roberto Visentini. Precisamente será este último el que en la etapa con final en la subida a Foppolo, previo paso por el San Marco, le arrebate el liderato. En un día en que se impone el español Pedro Muñoz, Saronni no resiste el puerto más duro de la edición de este año y pierde contacto con los mejores escaladores, como el propio Muñoz, Visentini, Lemond, Corti, Chioccioli y Baronchelli. En meta se deja dos minutos y medio y el liderazgo. En la crono de Cremona (última victoria de Moser en el Giro) Visentini no falla y solo pierde 4 segundos con Saronni. La suerte está echada. En las dos etapas montañosas que restan (la de Pejo Terme y la de Bolzano con el Pordoi) la general no se mueve, y Visentini le devuelve a Saronni el resultado de 3 años antes. Ese año terminará con una medalla de bronce en el mundial de Colorado Springs, aunque con el sabor agridulce de que todos los focos son para su compañero de selección Argentin, que se hace con el oro. Beppe nunca más volverá a ser protagonista en los grandes eventos del calendario.


Desde el 86 hasta el 90, año de su retirada, continuó dando tumbos y arrastrando su nombre y prestigio. Sus 3 últimos años, ya sin su viejo rival Moser en las carreteras, se limitó a contemplar a los jovenes italianos como Argentin, Fondriest o Bugno mientras estos conseguían sus victorias. Su época, una época en la que el ciclismo italiano eran él, Moser y nadie más, había pasado. Con su última victoria, el Giro di Reggio di Calabria del 25 de marzo de 1990, cerraba una exitosa carrera en la que había conseguido 195 triunfos. El niño prodigio había completado unas temporadas de ensueño, siendo el estandarte, junto a su opuesto Moser, de uno de los países más importantes del mundo ciclista. Pero cuando estaba en la lo más alto, en la cima, alguien le avisó de que su reinado acababa de terminar. Probablemente en ese momento él no lo creyó. Pero cuando el 17 de octubre de 1990 se retiró al concluir la Milano-Torino, no pudo dejar de pensar que realmente todo había terminado esa tarde de junio en Udine.

domingo, 8 de febrero de 2009

Giuseppe Saronni: Hoy estás en la cima, mañana empezarás a caer (Parte I)

Udine, 5 de junio de 1983. Giuseppe Saronni acaba de ganar su segundo Giro. Con esto, cierra unos meses auténticamente impresionantes. Ha ganado todo lo que un italiano desea ganar desde que es niño y le regalan su primera bicicleta: el mundial, Lombardía, la Sanremo y el Giro. No puede haber en estos momentos ciclista más feliz en el mundo. El Lombardo (nacido en el Piamonte pero crecido cerca de Milán) lleva 6 años impresionantes, donde ha ganado la mayoría de las carreras importantes italianas. Además, es joven, pues tiene solo 25 años. Toda una carrera le aguarda por delante para hacer de su palmarés una leyenda. Como guinda, su gran rival Francesco Moser empieza a acusar los años y, a punto de cumplir los 32, parece que sus mejores temporadas han pasado. Todo le sonríe a "Beppe". El futuro pinta de color de rosa, el mismo que viste él en estos momentos.

Pero, de repente, en lo alto del podio de Udine, se gira al oír su nombre. Lo único que encuentra es uno de los duendecillos del ciclismo, de la misma familia del "tío del mazo", que pueblan la mitología ciclista. Solo le dice una frase, antes de desaparecer: "Hoy estás en la cima, mañana empezarás a caer". El capitán de la GIS Del Tongo se sorprende, se queda preocupado, pero finalmente decide no darle más importancia a lo que cree haber visto y volver a mirar al frente. Allí ve a lo tifossi coreando su nombre y aplaudiendole. Es un héroe. Pero, ¿cómo han sido estos últimos meses? Para entenderlo, hay que retrotraerse justo 9 meses, al 5 de septiembre de 1982, a Goodwood, en los alrededores de Leicester.

En plena campiña inglesa se corre un mundial en el que Saronni es el gran favorito. Un circuito no demasiado selectivo pero con un final en cuesta de aproximadamente una milla. El tipo de llegada que le va perfecto a Beppe. Tras muchos años de disputas entre Saronni y Moser, el seleccionador azzurro, Martini, ha designado a Saronni como jefe de filas. Los italianos lo tienen claro. No se debe repetir lo del año pasado en Praga, donde la estrategia de los transalpinos fue cuanto menos dudosa, con ataques cuando estaba designado que se llegara al sprint, y con un final en el que Baronchelli dejó demasiado lejos a Saronni, que se vió superado en el último arreón por Maertens. Este año hay que rematar adecuadamente, y nadie mejor que Saronni para ello. El joven corredor atesora ya un palmarés envidiable. Repasemoslo un momento:

Saronni pasó a profesionales a los 19 años. Tan joven, que necesitó un permiso especial para ello. En aficionados se había labrado un gran palmarés, tanto en ruta como sobre todo en pista, donde había logrado un montón de victorias y había adquirido la punta de velocidad que tantas satisfacciones le daría en el futuro. En su primera carrera, el Laigueglia del 77, es segundo tras el campeón mundial Maertens. La carta de presentación era impresionante. Ese mismo año ya se hace con 9 victorias, todas ellas menores. Su primer éxito es el Trofeo Pantalica. Moser es tercero, frenado por una moto. La rivalidad ha comenzado. Francesco se toma la revancha en la Flecha Valona, donde vence por delante de Saronni. Su gran temporada le hacen ser convocado para el mundial de San Cristobal, donde trabaja para la victoria de Moser y aún así acaba con fuerzas para ser noveno.

Pero al año siguiente Beppe ya da muestras de que estamos ante un monstruo preparado para marcar época. Se lleva carreras como la Tirreno-Adriático, 3 etapas en el Giro (donde termina 5º), es segundo en la Sanremo tras hacer la mayor parte del trabajo a De Vlaeminck y, tras ganar numerosas carreras, roza el podio del mundial al ser cuarto, siempre con Moser (medalla de plata) como capitán.

En el 79 consigue su primera gran victoria, al imponerse a Moser en un Giro pensado para el trentino. Torriani empezaba la época "moser-saronianna" con un recorrido en el que primaban las cronos y con una montaña ridícula. Pero el gran favorito falló en la cronoescalada a San Marino, donde Saronni protagonizó una exhibición. A partir de ahí Beppe, vestido de rosa, se limitó a controlar a sus rivales, Knudsen y Moser, muy limitados en montaña. Puesto que Knudsen se tuvo que retirar a consecuencia de una caída, el duelo italiano quedó servido hasta el final. Pero no hubo más historia que el dominio de Saronni, más en forma, sobre Moser. El resto del año se cerró con las victorias en el Campeonato de Zurich, Giro de Romandía, Midi Libre e innumerables victorias de etapa en vueltas pequeñas. Las grandes clásicas se le siguen resistiendo, pues vuelve a ser segundo en Sanremo (de nuevo tras De Vlaeminck), en la Flecha (esta vez batido al sprint por Hinault) y en la Paris-Tours. En el mundial falla, pues no consigue ser más que octavo. Despide el año con una victoria en el Trofeo Baracchi, crono por parejas, haciendo dueto con... Francesco Moser. Por lo visto ni se hablaron hasta comenzar la carrera.

1980 es el año en el que tiene que confirmar lo que se espera de él. Y vaya si lo hace. En Sanremo repite su conocida segunda posición. Vence por fin la Flecha Valona dando una exhibición, dejando tirado a Hinault en la última cota y ganando a Nilsson el sprint. En el Giro, se lleva la friolera de 7 etapas, pero la montaña (con el Stelvio en el menú) es demasiado para él. De hecho, tendrá que trabajar para su compañero Panizza, que acaba segundo tras Hinault. Finalmente, entre su ingente cantidad de victorias anuales figura el campeonato de Italia, que le hace vestir la tricolore durante un año. Fracasa, sin paliativos, en el mundial de Sallanches, donde se ve obligado a abandonar ante la tortura en que convierte Hinault la carrera.

En 1981 sigue incrementando su palmarés, pero en parte es un año amargo para él. Pese a sus tres victorias de etapa en el Giro y su tercer puesto tras Battaglin y Prim, se queda a las puertas de la victoria tanto en Romandía, como en la Tirreno Adriático como en el mundial. Tres segundos puestos dolorosos, sobre todo el último, cuando tenía todo de cara para ganar.

En 1982 su aproximación al Giro es muy buena, con victorias en el Giro de Cerdeña, la Milán-Turín, la Tirreno-Adriático y el Giro del Trentino. En la carrera italiana vuelve a estar lejos de la lucha por la victoria (es sexto) pese a imponerse en 3 etapas. Pero acaba en buena forma, lo que le lleva a vencer en la Vuelta a Suiza. Durante el verano repone fuerzas y se aproxima al mundial ganando la Vuelta a Alemania y la Copa Agostini...

domingo, 19 de octubre de 2008

Giro de Lombardía 2008 en Pando

Aquí está la retransmisión del Giro de Lombardía 2008.

Idioma: Español
Emisión: Eurosport
Duración: 0h49m

Pando Package

sábado, 18 de octubre de 2008

Cunego alcanza la madurez

Damiano Cunego puede echar la vista atrás y repasar con orgullo su temporada 2008. La Amstel Gold Race es por sí sola un buen botín. Pero este final de temporada, con su plata en el mundial y, sobre todo, su victoria en Lombardía, le demuestra que la senda es la correcta, que los sinsabores en las pruebas de tres semanas no pueden empañar la trayectoria del veronés.

Es su tercera victoria en la meta de Como. Este año, pese a las múltiples ausencias (no estaban en la línea de salida ni Bettini, ni Di Luca, ni Valverde, ni Rebellin, ni Franck Schleck) su superioridad ha sido abrumadora. No sólo por una cuestión de fuerzas, sino también de conocimiento de la carrera. Da la impresión de que Cunego, cada año, mantiene su capacidad atlética pero aumenta su inteligencia en carrera. Bien se puede hablar de madurez para describir el nivel que está alcanzando el capitán del Lampre.

Concretamente el Giro de Lombardía, en su 102ª edición, es una carrera que Damiano ha sabido leer a la perfección. Tan importante como ser fuerte en las subidas es ser atrevido en los descensos. En los dos terrenos Cunego hizo las tareas a la perfección. Si a esto le unimos que el Lampre trabajó perfectamente durante toda la jornada (lo cual no deja de ser noticia), tenemos que la carrera acabó eliminando en el Ghisallo a la escapada del día y comenzó a decidirse cuando Horner atacó en la subida a Civiglio. Cunego decidió que era el momento y, acelerando el ritmo, se plantó a la altura del corredor de Astana. Solo Failli, del Acqua & Sapone, pudo seguirle.

Pero como hemos dicho, el Giro de Lombardía es una carrera que muestra con orgullo sus subidas, pero esconde celosamente su secreto, los descensos. El veronés, nada más superar la cima de Civiglio, se lanzó a tumba abierta. El resultado es que al terminar la bajada contaba con casi 20 segundos de ventaja sobre Horner y Failli, sus anteriores acompañantes y sobre Samuel Sánchez, autor de un descenso de los suyos que le había metido en ese grupo perseguidor.

En San Fermo da Bataglia, el último puerto, Cunego mantuvo su ventaja.
Por detrás, el grupo perseguidor fue absorbido y comenzaron los saltos, más en busca de acompañar al rubio veronés en el podio que de disputarle la primera plaza. Al final, quienes abrieron hueco fueron Urán, del Caisse d´Epargne, y Brajkovic, del Astana.

De la cima de San Fermo a meta solo hay 5 kilómetros, y poco podían conseguir los perseguidores. Cunego entraba como ganador en Como, mientras que Brajkovic hacía valer su velocidad ante Urán. Damiano se alzaba con su tercer Giro de Lombardía, igualando a Girardengo, Belloni, Bartali y Kelly. Por delante sólo quedan Binda, con 4 victorias, y Coppi, con 5. Con sólo 27 años y unas características óptimas para disputar esta carrera, podría llegar a hacer historia en la "clásica de las hojas muertas". Pero cada año es una batalla distinta. De momento, la victoria de hoy hace que su balance de esta temporada 2008 sea más que notable. El "piccolo principe" sigue aumentando su palmarés, que cuando termine su carrera todo indica que será digno de múltiples elogios.

Fotos:

Así se gana el Giro de Lombardía a lo grande

Tony Rominger era un hombre con muchas cosas que demostrar la mañana del 17 de octubre de 1992, en Monza, línea de salida de la 86ª edición del Giro de Lombardía. En la gélida mañana, acompañada por la niebla y la lluvia, el suizo se concentraba en sus pensamientos. Para empezar, él ya tenía un Giro de Lombardía en sus vitrinas, la edición del 89. Pero en esa ocasión, había ganado contra todo pronóstico, y sentía que debía refrendar esa victoria, demostrar que no se trató de un día de suerte. De hecho, mucho había cambiado en esos 3 años. En su primer año en la escuadra española del Clas, había alcanzado la gloria en la primavera ganando la Vuelta al País Vasco y la Vuelta a España. Con la ronda nacional se había quitado de encima su gran sambenito: no ser un corredor para carreras de más de una semana. Tras ello, su otro gran pico de forma estaba en el otoño. Juan Fernandez le había permitido sacrificar el Tour para centrarse en el final de la temporada.

Y en ese final de temporada estaba demostrando que su forma era óptima: segundo en la Volta (tras Indurain) con victoria de etapa en Valter 2000 (por delante del de Villaba y un por entonces desconocido neo de nombre Antonio Martín), levantó los brazos en la Subida al Naranco. Pero en el Mundial de Benidorm, la piedra angular de esta parte de la temporada, se le había escapado la victoria pese a ser el más fuerte de la carrera. El arcoiris lo llevaría un año más Bugno.

Precisamente Bugno, que había resurgido en las últimas fechas anotandose Giro del Lazio, Emilia, Milán-Turín y el Mundial. Gianni estaba en una forma espectacular. ¿Sería éste el año en que se anotara la carrera? Mejor no lo iba a tener, con todo el apoyo del público (la carrera salía y llegaba a Monza, donde había vivido toda su vida). Frente a él, en la mejor tradición dualista italiana (Coppi-Bartali, Moser-Saronni) estaba Chiapucci. Si había un monumento que el varesino podía ganar era precisamente la Clásica de las hojas muertas, la más dura de todas.

El de Carrera llegaba en forma, tras ser el animador del Giro del Piamonte, dos días antes. Además, también Claudio era lombardo, así que la cuestión se reducía a un duelo local, con el suizo como juez de paz.

En todo eso pensaba Tony cuando se dió la salida a la carrera. El día seguía desapacible, y con todo el menú montañoso que esperaba por delante, la carrera podía adquirir tintes épicos...

14 años después y en Mendrisio (Suiza), a unos 50 km de Monza, Paolo Bettini era otro hombre con muchas cosas que demostrar en la línea de salida de la 100ª edición del Giro de Lombardía. Él también tenía un Giro de Lombardía, ganado justo el año anterior. Pero en 12 meses, se habían precipitado los acontecimientos. Por fin había conquistado el ansiado mundial. Por lo tanto, se le presentaba la oportunidad de ser el séptimo hombre en ganar el Giro de Lombardía vestido de arcoiris, tras Binda en 1927, Simpson en 1965, Merckx en 1971, Gimondi en 1973, Saronni en 1982 y Camenzind en 1998. Pero también había sucedido un hecho luctuoso. Entre medias del Mundial y el Giro de Lombardía, su hermano Sauro había fallecido en accidente de tráfico. Un duro golpe para Bettini. ¿Hasta qué punto le afectaría esto? En un deporte de sufrimiento extremo, planeaba la duda de si podría mantener la concentración necesaria para disputar la carrera.

No hay que olvidar que Paolo estaba muy apegado tanto a su hermano como al hijo de éste, también ciclista en categorías inferiores. Por su cabeza pasó repetidas veces el no correr. Pero finalmente sus padres le convencieron: si Sauro hubiera podido opinar, hubiera querido que disputara ese Giro de Lombardía. Así pues, la decisión estaba tomada. Salir, saldría. Lo complicado sería tener un papel protagonista en esas condiciones.

En todo eso pensaba Paolo cuando se dió la salida a la carrera. Con la meta en Como, serían los kilómetros y los puertos los que juzgarían...

14 años antes, se empezaba a afrontar el primer puerto del día: el Valico di Esino Lario. 147 km a meta, 5 puertos más por delante, la tormenta sigue azotando a los corredores, y Rominger decide que no espera más: suelta un demarraje en la subida, al que solo es capaz de responder Bugno. El del Gatorade va sin cadena, y rápidamente abren hueco sobre un grupo de perseguidores con lo más granado de la participación.

Pero tras coronar con 25 segundos de ventaja, la cosa cambia. Bugno, que siempre tuvo miedo a los descensos a raiz de una grave caída en el Giro de 1988, ve que el suelo está muy mojado y decide tomar precauciones. Tantas, que primero Chiapucci y luego Cassani les alcanzan y sobrepasan. Rominger ve que la carrera se está decidiendo y se va tras ellos, mientras Bugno se queda con Alcalá, a pocos metros. Pero Gianni, para bien o para mal, era un corredor de sangre fría. Con el trío de cabeza a tiro de piedra, decide cambiarse los guantes mientras Alcalá hace un esfuerzo y logra contactar. El del Gatorade ya no volvería a verles hasta la meta.

Porque la selección ya está hecha, y por delante los relevos son perfectos. La ventaja es de 1:50 en el siguiente puerto, el Balisio, pero ha subido a 4 minutos al pie del Ghisallo. En este puerto cede Alcalá. La carrera ya es de eliminación, debido a las inclemencias del tiempo, la dureza del recorrido y que la guerra dura ya 150 kilómetros. Pasa el Colle Brianza y en el Lissolo ceden Cassani y Chiapucci, que finalmente tiene que dejar marchar a Rominger. El suizo retorna a Monza a lo campeón, adjudicandose una carrera que solo terminarán 21 corredores (entre ellos, un jovencísimo neoprofesional, Davide Rebellin). Bugno llegará el penúltimo, a más de 8 minutos y destrozado por el frío...

14 años después, la carrera ha transcurrido placenteramente hasta el Ghisallo, que tras los años en que la carrera terminaba en Monza y Bérgamo, ha vuelto a ser el punto en el que la prueba se selecciona, para decidirse en el Civiglio y el San Fermo da Battaglia.

Pero en Madonna del Ghisallo, 52 km a meta, Bettini decide que el mejor homenaje que le podía hacer a su hermano era ganar esta carrera. Y se pone manos a la obra. Acelera el ritmo, tensa el grupo, y acaba seleccionandolo, dejando el pelotón reducido a unos pocos elegidos: Rebellin (sí, sí, el mismo del que hablamos antes), Franck Schleck, Boogerd, Samuel Sánchez, Di Luca y Riccò. Cerca de la cima cogen a los últimos integrantes de la escapada del día, y Bettini vuelve a acelerar, dejando el grupo en cuatro integrantes: él mismo, Rebellin, Schleck y Boogerd. En el descenso se les une Di Luca, y en el llano hasta Civiglio se van uniendo más corredores.

Pero en Civiglio continua el recital Bettini. Desde abajo se pone a marcar el ritmo, descolgando a varios de los que se habían reintegrado unos kilómetros atrás. Y, tras un primer ataque de Di Luca, lanza un contraataque demoledor. Solo Wegmann puede seguirle, aunque a distancia. El técnico descenso amplía las diferencias hasta los 20 segundos. Finalmente, el de Gerolsteiner caza a Bettini, tras un grandísimo esfuerzo.

A Bettini sólo le queda un acto en su recital. La última subida, San Fermo da Battaglia. Aumenta el ritmo y Wegmann se queda, completamente vacío. Mientras tanto, mantiene las distancias de 20 segundos sobre el grupo perseguidor. Pero en el descenso no contaba con que Samuel Sánchez se lanza a tumba abierta, y ayudado por sus virtudes de gran bajador alcanza a Wegmann, llegando a estar a 10 segundos de Bettini. Son los kilómetros finales, y ahí Paolo saca fuerzas del recuerdo de Sauro. Consigue mantener e incluso incrementar la ventaja, llegando a meta bañado en lágrimas.

Por detrás, Samuel Sánchez bate a Wegmann al sprint. Pero lo que de verdad importa está pasados unos metros la línea de llegada. Allí, Bettini atiende a los medios de comunicación mientras se abraza con su cuñada y su sobrino, embargado por la emoción. Aunque parecía imposible, lo ha logrado. Ha ganado el Giro de Lombardía, y lo ha hecho dando una exhibición...

14 años antes, Tony Rominger ya descansa del brutal esfuerzo realizado. Las declaraciones de Chiapucci son esclarecedoras: quedar segundo detrás de "aquel" Rominger no está nada mal. Bugno, por su parte, se culpaba de no haber sabido ver que el corte era el bueno, justificándose por la enorme distancia a meta. Lo que está claro es que Tony se había metido en medio del duelo de los dos italianos, y les había aguado la fiesta. El corredor del Clas ha cumplido con una temporada brillante (y aún le daría para quedar segundo en el Gran Premio de las Naciones, prueba contra reloj que cerraba en aquellos años la Copa del Mundo, competición de la que también quedaría segundo). Así pues, el Giro de Lombardía era la rúbrica de oro a esa temporada, con una victoria luchando contra el tiempo y el recorrido, endurecido por los corredores. A partir de ahí, Tony entraba en sus mejores años como ciclista. Pero esa es otra historia...

14 años después, Paolo Bettini también se repone de todas las emociones de las últimas horas. Ni siquiera ha podido subir al podio, debido al enfrentamiento que mantienen la organización de la carrera y la UCI. Pero poco le importa. Paolo ha dado un poco de alegría a su familia, destrozada por la muerte de Sauro. El balance final de la temporada es excelente. Además del campeonato del mundo y el Giro de Lombardía, se había impuesto también en el campeonato italiano en ruta y había logrado victoria de etapa en Giro y Vuelta. Teniendo en cuenta que el año siguiente repetiría la victoria en el Campeonato del Mundo, en sus últimos años de carrera el livornés engrandecía aún más un ya de por sí grande palmarés. Aunque en este deporte lo importante no son las estadísticas, sino la forma en que se consiguen las victorias. Y este Giro de Lombardía, por su emotividad y el dominio que ejerció Bettini, puede considerarse un ejemplo de esto.

Fotos:
Graham Watson para Ciclismo a Fondo