domingo, 21 de diciembre de 2008

Giro de Italia 1988: el infierno helado del Gavia (Parte II)

Visto el recorrido y los participantes, la carrera prometía mucha emoción y grandes momentos. Las 3 siguientes semanas corroborarían o refutarían esa impresión.

El caso es que la carrera comenzó con uno de los favoritos ganando la primera crono y asustando a sus rivales. Bernard se adjudicaba el primer rosa aunque, todo hay que decirlo, se vió beneficiado por la caída del corredor que realizó los mejores pasos parciales: Tony Rominger. El suizo del Salotti Chateau D´ax se quedó a solo 3 segundos del lider del Toshiba, así que sin ese incidente la etapa hubiera sido suya. Bernard, merced a las bonificaciones (que también se aplicaban en las cronos, ¡hasta en la CRE!) empezaba a sumar diferencias, siendo la más notable los 48 segundos que le quitaba a Delgado (28 reales más 20 de bonificación). Hampsten y Zimmerman también comenzaban con una renta perdida de 40 segundos, mientras que otros favoritos como Visentini y Breukink dejaban las pérdidas por debajo de los 30 segundos.

Tras dos etapas de transición, con victorias al sprint de Bontempi y del suizo Joho en una escapada "made in Ariostea", llegó el primer gran esfuerzo de la carrera. Etapa con doble sector, siendo el vespertino la contrarreloj por equipos de Urbino. Pero en el matutino se produjo una sorpresa, en cuanto que el desconocido Podenzana (que posteriormente llegó a ser campeón de Italia) cambió el maillot de su equipo, el Atala (uno de los más curiosos del pelotón profesional, parecían presidiarios) por la maglia rosa de lider, merced a una escapada en solitario que llegó a meta con más de 5 minutos de ventaja. Otro dato a destacar de este sector matinal fue la caída de Bugno, que le forzó al abandono. A consecuencia de esta caída, el bueno de Gianni sufrió durante toda su vida pánico a los descensos, lo que tuvo que combatir ayudado por sesiones de música clásica (de Mozart concretamente). Quién sabe lo que hubiera llegado a ser la carrera de Bugno durante los noventa sin ese miedo, que le retrajo en numerosas ocasiones de usar tácticas más arriesgadas. Volviendo a esta cuarta etapa, por la tarde, el Del Tongo dejaba claro que era el equipo más fuerte de este inicio de carrera. Ganaba la crono y dejaba a sus mejores hombres (Piasecki, Saronni, Chiocchioli y Giupponi) amenazando peligrosamente el liderato de Podenzana. El Carrera (vencedor el año anterior de la CRE tanto en Giro como en Tour) quedaba segundo, dejando también muy bien colocados a sus hombres fuertes (Visentini, Zimmermann y Maechler). De momento, el Giro era cosa de italianos y los extranjeros dejaban hacer.

Al día siguiente, sprint en Santa Maria Capua Vetere con victoria de nuevo de Bontempi. Una caída en los últimos kilómetros sembró el pánico en el pelotón. Pero las miradas estaban puestas en la sexta etapa, con final en Campitello Matese. Un puerto sin excesiva dureza, pero que serviría para ver los primeros desfallecimientos. Además, el mal tiempo contribuyó a aumentar la dificultad del día. No era más que un anticipo de lo que esperaba en en jornadas posteriores.

Y en Campitello Matese el esperado Delgado pegó el petardazo, siendo el favorito que más tiempo perdió. Hasta el lider Podenzana (que retuvo la maglia) lo hizo mejor que él. Por delante la batalla era por la victoria de etapa, puesto que los grandes eran conscientes de que en un puerto como este no se podían abrir grandes brechas, excepción hecha de desfallecimientos como el de Delgado. Así pues, Chiocchioli era el que conseguía el demarraje bueno, llegando a meta con unos segundos de ventaja sobre los jefes de filas. Entre ellos, los más fuertes eran Zimmermann y Hampsten, que se dejaban 12 segundos con el corredor del Del Tongo pero arañaban 11 a un gran Rominger, 19 a Breukink y 23 al grupo de Bernard y Visentini. A destacar de la etapa también la lucha del Zahor, el único equipo español junto al Reynolds, que lo intentó en la subida final con ataques de Ocaña y Van Bravant. Tras el primer contacto con la montaña, Podenzana solo conservaba 45 segundos sobre Chiocchioli, 1:18 y 1:40 sobre la dupla del Carrera (Zimmermann y Visentini respectivamente), 1:43 sobre el joven Giupponi, 2:18 sobre Rominger, cuyo rendimiento en una carrera de 3 semanas era una incognita pero de momento estaba bien situado, 2:30 sobre Breukink y 2:38 sobre Hampsten. Bernard estaba ya más retrasado, a 2:59, mientras que Saronni, Winnen o Alcalá, a unos 4 minutos, habían dejado claro que no iban a luchar por los puestos de honor. Otro tanto para Delgado, en el puesto 37 a casi 6 minutos. Pese a sus declaraciones, en las que prometía que todavía podía ganar el Giro, estaba por ver si no llevaría su cabeza hasta el Tour.

Tras esta etapa, la calma llegaba al pelotón. Etapas sin grandes dificultades orográficas, mientras el Giro se encaminaba al norte, a la temida montaña dolomítica. Kappes se llevaba la siguiente etapa, con meta en Avezzano, en un sprint condicionado por la ausencia de Bontempi, que no pudo superar las mínimas dificultades orográficas de la jornada. Al día siguiente, en una etapa que se preveía tranquila, Toshiba repetía victoria merced a una gran actuación en los últimos kilómetros, que picaban ligéramente hacia arriba. Tanto Delgado como Jeff Bernard querían sacarse la espina de Campitello Matese, pero fue el francés el que más facilidad demostró en su ataque. Tras él saltaron el segoviano y Hampsten, pero no consiguieron contactar y fueron absorbidos por el pelotón. El golpe de mano de Jeff había sido espectacular y efectivo, recortando entre las bonificaciones y su propia ventaja 48 segundos. Subía hasta el séptimo puesto de la general, a 2:11 del liderato. Y en el pelotón se comenzaba a temer al francés. Parecía que su estado de forma, unido a su clase, le hacían ser superior al resto de sus rivales.

En las dos siguientes etapas, sendas volatas con victoria de sprinters italianos, Di Basco y Rosola. El primero un joven valor que hacía su presentación con esta actuación, y el segundo un veterano maestro dando sus últimos destellos de clase. Esto, en lo puramente deportivo. Pero, mientras el pelotón transitaba por carreteras soleadas, estos días lo que más se comentaba eran los rumores que apuntaban a mal tiempo en los Alpes Réticos y posibilidad de cancelar el ascenso tanto al Gavia como al Stelvio. La Cima Coppi (el Stelvio) tenía la carretera completamente nevada. Por su parte, del Gavia llegaban rumores que apuntaban el deficiente estado de la parte no asfaltada del puerto. Las dudas comenzaban a llegar al pelotón, aunque aún faltaban días para afrontar esos colosos.

La última etapa antes del atracón de montaña era la que debía finalizar en Colle Don Bosco. Pero unos manifestantes boicotearon la jornada. Torriani, el patrón del Giro, llegó a un acuerdo con ellos para que cesaran su boicot a cambio de ser filmados por la RAI. A pesar de ello, la organización no se fiaba y adelantó la línea de meta un kilómetro. El suizo Stuzt iba escapado, pero los coches seguidores le ordenaron parar la marcha, siendo absorbido por el pelotón, que entró agrupado en meta. Finalmente, se decidió dar por anulada la etapa, robando de esa manera el triunfo al suizo. Otro escándalo más, característico de los giros ochenteros.

Así pues, al comenzar el bloque montañoso (etapas de Selvino, Chiesa Valmalenco, Bormio, Merano 2000 e Innsbruck) la general estaba comandada por un lider de paja (Podenzana) que sacaba 45 segundos a Chiocchioli, un escalador del que se dudaba su fiabilidad, 1:18 a Zimmermann y 1:40 a Visentini, los corredores del Carrera, que en este momento parecían los mejor situados, 1:43 a Giupponi, la otra baza del equipo Del Tongo, 2:08 a Rominger, 2:11 a Bernard, que parecía el corredor más fuerte de la carrera, 2:30 a Breukink, 2:38 a Hampsten y 2:46 a Van Der Velde. Entre estos hombres debía estar el Giro.

El primer contacto con la montaña era sobre el papel el más flojo. Pese a contar con 3 puertos intermedios, la etapa se limitaba prácticamente los últimos 11 km del día, la ascensión a Selvino. Al no ser un puerto de grandes pendientes, se sabía que la diferencia iba a estar en segundos. Y así fue, excepto para el lider Podenzana. Los Del Tongo llevaban días planeando el asalto a la maglia rosa, y marcaron un fuerte ritmo que destrozó a la maglia rosa en los puertos intermedios. Acabaría llegando a meta a más de 16 minutos. Junto a él, el otro gran derrotado del día era Rominger, que se dejó otros 16 minutos y su buena plaza en la general. Se confirmaba que el suizo del Salotti era un corredor de clase pero al que se le atragantaba el paso de los días. De este sambenito no se desprendió hasta 4 años después, cuando ganó la Vuelta a España.

Mientras tanto, por delante se estaba jugando la victoria de etapa. Los Zahor volvieron a ser los más combativos. Atacó Juan Tomás Martínez al inicio de la subida final. Pero los Del Tongo lo querían tener todo controlado, y pusieron a tirar a Saronni, que desbarató tanto este intento como el posterior de Ocaña. En el momento en el que murió el ataque de Ocaña, a tres kilómetros de meta, atacó Hampsten. Delgado saltó a su rueda, pero el grupo volvió a darles caza. El americano lo probó de nuevo, junto a Breukink. Pese a que el holandés volvió a ser cazado, Hampsten abrió hueco. Perico volvió a intentar darle caza, pero ya era tarde. El corredor del Seven Eleven se había marchado hacia la victoria y el esfuerzo solo le reportó al segoviano ser segundo y arañar bonificaciones, puesto que el resto de favoritos (Breukink, Bernard, Visentini, Zimmermann y Chiocchioli) llegaron pisandole los talones, a 15 segundos del triunfador del día. Giupponi era de los corredores del grupo cabecero el que más justo llegaba, dejandose 27 segundos. Así pues, los Del Tongo lograban su objetivo, vistiendo a Chioccioli de rosa. Pero la dupla del Carrera seguía amenazadora, a 33 y 35 segundos. Giupponi se dejaba ya 1:10 sobre su compañero de equipo, mientras que el triunfador del día, Hampsten, era protagonista de un buen salto en la general, hasta el 5º puesto a 1:18. Bernard, que no había demostrado esa superioridad que se esperaba de él, estaba a 1:26, mientras el combativo Breukink se encontraba a 1:45. Esos eran los corredores en el límite de los 2 minutos, y los que se iban a jugar el rosa al final del Giro. Delgado había iniciado la remontada, pero los 4:43 que perdía en la general le ponían las cosas sumamente difíciles. Aunque, como él mismo decía, quedaba mucha montaña. Lo que en ese momento eran diferencias de segundos, dentro de no mucho serían diferencias de muchos minutos.

Al día siguiente, sin descanso, otra etapa montañosa. Una jornada muy corta, de 129 km, pero con una auténtica pared por en medio: el Passo di San Marco. Allí, un corredor quiso tomarse la revancha por lo sucedido el día anterior. Rominger atacaba en las rampas más duras del coloso, superaba a Ocaña (de nuevo batallador) y se marchaba hasta coronar en solitario, con 2 minutos de ventaja. Por detrás, Hampsten volvía a mover la carrera, llevandose con él al resto de favoritos. El que no estaba con ellos era Delgado, que antes de la cima protagonizaba una buena remontada y los cazaba. En el descenso, Rominger ampliaba la diferencia hasta los 4 minutos. A pie del último puerto ya tenía 5 minutos de renta. El final en Chiesa Valmalenco era sin embargo muy descafeinado, así que el suizo no tuvo problemas en imponerse con 4 minutos de ventaja. Por detrás llegaba un pelotón de 33 unidades todos en el mismo tiempo. La batalla había acabado en tablas en esta jornada. Pero al día siguiente todos sabían que se iban a decidir muchas cosas.

Esta etapa salía de Chiesa Valmalengo y, tras pasar por el puerto de Aprica, encaraba las terribles rampas del Gavia, cuya cima estaba a 24 kilómetros de la meta, en Bormio. Era, de nuevo, un día corto, pues solo se disputaban 120 km. Pero era una jornada muy temida, tanto por el coloso como por las condiciones climatológicas. Por un lado, el Gavia solo se había subido en una ocasión, 1960, siendo coronado por Massignan, que era adelantado en el descenso por el ganador de la etapa, nada menos que Charly Gaul. Los informes hablaban de un puerto con porcentajes muy duros y con la parte final sin asfaltar. Además, el parte meteorológico indicaba posibilidades de tormenta de nieve, lo que a la altura a la que se coronaba el Gavia (2621 m) presagiaba un día durísimo. Pero ni los más pesimistas se podían imaginar cuanto al irse a acostar la noche del 4 de junio de 1988.

2 comentarios:

Jose Luis dijo...

Excepcional mirada atras, en la que es mi GT preferida, ¡ENHORABUENA!
He decidido enlazaros en mi blog, si por tal motivo tuvierais alguna reticencia, hacermelo saber.
¡Felices Fiestas!

Julián dijo...

¡Muchas gracias! Ninguna reticencia, es todo un honor estar enlazados en un blog de la calidad del tuyo. También lo enlazamos desde aquí.

¡Feliz 2009!