viernes, 2 de enero de 2009

Giro de Italia 1988: el infierno helado del Gavia (Parte IV)

Al día siguiente de la mítica etapa, no había fuerzas ni ganas para nada. Y eso que, a priori, el menú invitaba a nuevas hazañas. De salida, el Stelvio, Cima Coppi de esta edición del Giro. Y final en la estación de Merano 2000. Pero, visto lo visto el día precedente, a ver quién se atrevía a subir y luego bajar el Stelvio con las condiciones climáticas que se estaban viviendo esos días en el norte de Italia. Así pues, el paso por el Stelvio fue anulado y la etapa se limitó a la subida final a Merano 2000. En esa ascensión, uno de los derrotados del Gavia dió una lección. Jeff Bernard volvió a tirar de clase y demostró que fueron las consecuencias de la nevada las que le impidieron realizar una mejor actuación en el Gavia. Atacó desde el inicio de Merano 2000. Tan solo Zimmermann pudo seguirle. Por detrás, Hampsten y Breukink mantenían una guerra de nervios, conscientes de que estaban ante el último final en alto de la carrera, exceptuando la cronoescalada al Valico del Vetriolo. La mínima diferencia que los separaba hacía que cualquier paso en falso fuera decisivo para la victoria final. Junto a ellos, los corredores del Del Tongo, Chioccioli y Giupponi. Delgado o Visentini, ya sin motivaciones, perdían tiempo con respecto a los mejores. La carretera había puesto en su sitio a cada uno de los favoritos.

Bernard hacía todo lo posible por descolgar a Zimmermann, consciente de que era un rival molesto en caso de llegar juntos hasta arriba. Finalmente, a 3 kilómetros de meta, lo consiguió. Se fue solo y venció en plan campeón. Por detrás, Hampsten conseguía dejar a Breukink, consolidando su liderato. En meta, Bernard se hacía con su tercera victoria del Giro. Zimmerman entraba a 32 segundos. Giupponi (autor de unos kilómetros finales muy buenos) le pisaba los talones entrando a 36 segundos, mientras que Hampsten, que entraba a 51, arañaba 27 a Breukink, que le precedía. Juan Tomás Martínez, el Volcán de Barakaldo, era el primer español en meta, entrando séptimo a 2:48, junto a Perico. Chioccioli era quien se llevaba la peor parte del día, perdiendo 3:16 y entregando su lugar en el podio a Zimmermann. En dos días nefastos para el toscano, había pasado de llevar la maglia rosa a quedar en el 5º puesto de la general a más de 6 minutos.

Por tanto, Hampsten respiraba un poco más tras la etapa de Merano 2000. Su distancia con Breukink había crecido hasta unos tranquilizadores 42 segundos, sobre todo teniendo en cuenta la crono del último día, donde el corredor de Panasonic era cláramente favorito. La soledad de ambos en la lucha por la victoria era aún más patente, por cuanto que el tercero era ya Zimmermann a 3:50, con los dos corredores del Del Tongo detrás de él, aunque sin representar una seria amenaza. Pero al día siguiente se subía otro de los gigantes del Giro, nada menos que el Passo del Rombo.

El problema era que la climatología, que había propiciado una etapa épica camino de Bormio, estaba mutilando etapas que también podrían haber sido antológicas. Durante todos estos días, la lluvia era compañera inseparable del pelotón, y en cuanto se subía a las altas cumbres la nieve hacía acto de presencia. Y en la frontera entre Italia y Austria, en el Rombo, se mantuvo esta misma tónica. Si el día anterior había sido la organización la que eliminó el Stelvio, esta vez fueron los corredores los que decidieron hacer una semihuelga. En cuanto los primeros copos de nieve aparecieron, el pelotón bajó el ritmo y el coloso se subió a ritmo lento. Incluso llegaron a pararse en dos ocasiones. Algunos ciclistas empezaban a subir a los coches, en un claro gesto de fuerza para que fuera neutralizada la subida. Pero las dos veces se acabó reiniciando la marcha. Finalmente, se coronó el puerto. De nuevo, muchos corredores se metieron en los coches para abrigarse de cara al descenso. Fue justo ése el momento que aprovecharon los corredores de Panasonic para preparar una emboscada. Enfilaron el descenso a toda velocidad, y se fugaron del resto del pelotón. Al terminar la bajada, 6 hombres del equipo holandés se encontraban en el grupo de cabeza, acompañados por otros 7 corredores, entre los que se encontraban el lider Hampsten y Delgado, pero no Zimmermann, Bernard o los Del Tongo. La jugada había sido maestra. A partir de ese instante, se correría todo lo rápido que no se había hecho en la primera parte de la etapa. La ventaja llegó a ser de minuto y medio, aunque tras el último puerto, Mosern, solo quedaron en cabeza Breukink y Winnen del Panasonic. La diferencia comenzó a menguar, hasta que en meta se quedó en 8 segundos, tras muchos esfuerzos de los perseguidores. Por delante, Vona se había marchado en el último kilómetro para ganar en solitario y estropearle la jugada a los holandeses, que pensaban ganar con Breukink tras el gran trabajo de Winnen. Finalmente, habían obtenido muy poca recompensa para todo el esfuerzo que habían hecho.

Al día siguiente, por fin se volvió a las volatas tradicionales del Giro. En una jornada muy dura por la multitud de ataques que se produjeron (había muchos equipos resentidos por la táctica del día anterior de Panasonic) se acabó llegando en grupo a meta, donde se impuso Gambirasio. Todas las espadas estaban en alto ante la etapa del día siguiente, la cronoescalada donde Hampsten y Breukink se jugarían la carrera.

Y, en la jornada decisiva, se demostró quién era el hombre más fuerte de la carrera. Hampsten arrasó, superando a Breukink incluso en los 5 primeros kilómetros, que eran llanos y supuestamente favorables al holandés. En cuanto la carretera se empinó, enfilando la meta en el Valico del Vetriolo, la diferencia no paró de aumentar, hasta el 1:04 que se dejó en meta el lider del Panasonic. El americano se llevó la etapa, dejando al segundo, Visentini, con la miel en los labios. El corredor de Carrera, que al inicio del Giro partía como favorito, se quedó sin la consolación de ganar una etapa. Cedía 32 segundos. Giupponi se dejaba 40, mientras Zimmermann perdía 52. El siguiente ya era Breukink, que precedía a Rominger. El suizo, que desde el día de Selvino solo había tenido un fogonazo de inspiración en Chiesa Valmalenco, volvía a aparecer por las primeras posiciones. Perdía 1:39. El séptimo era Delgado a 1:55, tal vez el peor de los que partían como favoritos para hacer algo bueno en la etapa. Y eso que, por fin, el día había despejado y apareció el sol tras tantas jornadas de mal tiempo. Aunque peor le fue a Bernard, quien hubiera sido el claro favorito en condiciones normales. Por culpa de una caída del día anterior, se vió obligado a no tomar la salida. El francés retornaba a casa, tras una carrera que le había reportado 3 triunfos parciales y la sensación de que había días que era imparable. Su próximo objetivo sería el Tour, aunque ahí las cosas le fueron peor que en Italia.

Así pues, la carrera la tenía Hampsten herida de muerte. Breukink estaba ya a 2:06, y solo una hecatombe en la última crono le hubiera quitado la victoria al lider del Seven Eleven. La lucha más emocionante era la que definiría el tercer integrante del podio, puesto por el que luchaban Zimmermann y Giupponi. Si bien estaban a más de 5 minutos de la maglia rosa, les separaban solo 17 segundos. Aunque el Giro estaba llegando a su fin, aún quedaban cosas interesantes por pasar. Y si tenía que ocurrir algo, por fuerza debía ser en la siguiente etapa, última de montaña con 3 puertos de montaña, el primero de ellos el Passo Duran.

Pero en este Giro, no todo sucedía en la carretera. Mientras los corredores descansaban de la cronoescalada, por la tarde, surgía otra bomba: Visentini, Giupponi y Zimmermann eran declarados positivos por no presentarse al control antidopaje. Tras el susto, se revocó la sanción y finalmente no pasó nada. En fin, cosas de los Giros de los años ochenta.

En la carretera, Zimmermann sacó la rabia que le había producido la etapa anterior y protagonizó otra de las etapas memorables de este Giro. Lanzó un ataque en el inicio del Passo Duran, a más de 100 kilómetros de meta. Era un ataque de todo o nada y, en este deporte, los valientes suelen tener recompensa. La ofensiva pilló al resto de favoritos descolocados. Eso, y la dureza de las rampas de esta "Cima Coppi" (debido a la suspensión de la original, el Stelvio, el premio había pasado a situarse en el Passo Duran) hicieron que por la cima pasaran los corredores en reducidos grupos. El primero de ellos, tras Zimmermann, estaba compuesto por Hampsten, su gragario Pierce, Conti y Giuliani. Pasaban a 45 segundos del suizo. Breukink, a quien se le agotaba la gasolina en este final de Giro, perdía veinte segundos más en la cima, pero en el descenso les daba caza. La bajada también era aprovechada por Giuliani para irse de sus acompañantes y dar caza a Zimmermann. A partir de ahí, el duo de cabeza se entendió perfectamente, mientras que por detrás Hampsten y Breukink no se percataban del peligro que se cernía sobre ellos. Hasta que a 75 km de meta las noticias cantaban que el lider del Carrera llevaba 6 minutos de ventaja sobre ellos. ¡Zimmermann era lider virtual!

El americano y el holandés no se pusieron nervisos. Tras muchos kilómetros en los que no conseguían bajar la diferencia, aflojaron la marcha y dejaron que el gran grupo, en el que estaban sus gregarios, les cogieran. A partir de ahí, sus equipos se pusieron a tirar para enjugar la diferencia. El paso de los kilómetros y la orografía de la parte final de la etapa (totalmente llana) hicieron el resto. A 15 kilómetros del final Hampsten recuperaba la maglia rosa virtual, y en meta la deferencia era de poco más de 3 minutos. Zimmermann dejaba ganar a Giuliani y él se situaba segundo en la general, a casi 2 minutos de Hampsten.

Todo estaba listo para terminar de decidir la general en la crono de la última etapa. El penúltimo día, nueva volata con victoria de Rosola. Y el último día, en el sector matutino, victoria del suizo Freuler. Los viejos sprinters se reivindicaban en este final de carrera.


Por la tarde no hubo sorpresas. En un Giro en el que se produjeron tantas, eso era un hecho novedoso en sí mismo. Hamspten mantuvo la maglia rosa, mientras que Breukink, mejor rodador, superaba a Zimmermann. Fue el único cambio en los primeros puestos de la general. En cuanto a la etapa, se impuso el polaco Piasecki, por delante de Vanderaerden y Rominger. El ganador se vió beneficiado por el hecho de que los últimos salieran con lluvia y viento. El mal tiempo quiso asistir a la despedida de una carrera de la que había sido el gran protagonista.

Así pues, Hampsten se imponía en el Giro, siendo acompañado en el podio por Breukink y Zimmermann. Giupponi y Chioccioli eran cuarto y quinto, con gran malestar para el segundo, que siempre consideró que su compañero no le había ayudado lo suficiente cuando defendía la maglia rosa. Giovannetti, joven promesa, era sexto, por delante de Delgado, que había fallado en su objetivo de ganar la corsa rosa. No así en su otro objetivo, preparar el Tour, pues todos sabemos lo que ocurrió un mes después en las carreteras francesas.

Se cerraba una edición del Giro que ha quedado para el recuerdo por la dantesca etapa del Gavia pero que, como hemos visto, deparó mucho más espectáculo durante los 21 días que duró. El día que los corredores entraban en el infierno helado del Gavia, estaban haciendo que la edición 71ª del Giro pasara a la posteridad como la carrera en la que se volvió al ciclismo de antaño, aquel en el que los corredores eran héroes que desafiaban a los elementos con la única ayuda de una bicicleta. Por ellos, bien valga este recuerdo a ese lejano año, del que más de veinte años nos separan ya.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

magnifico trabajo, colosal articulo(s). seguid asi!!

Julián dijo...

¡Muchas gracias Anónimo!

Pelayo dijo...

Mira que tener esta joya sin leer...
Cuesta creer al leer esta crónica que Bernard se quedase en nada. Su Tour del 87 y este Giro hacen pensar que podía haber sido un dominador de la especialidad.
Por otro lado, ¿quién era Tomasini que tan bien lo hizo en Bormio?

Julián dijo...

Esto demuestra que no solo hace falta tener clase para triunfar en el ciclismo al más alto nivel. Bernard era frágil de moral y no consiguió encadenar una Gran Vuelta sin que algo le sucediera. Al fin y al cabo, los dos grandes momentos que comentas (Tour 87 y Giro 88) son un claro anticipo de lo que sucederá en el futuro: grandes actuaciones pero siempre con un mal día. En años posteriores, esas actuaciones se verán relegadas a pocos días (Sierra Nevada 1990, Alpe D´Huez 1991, Paris-Niza 1992) y lo que pudo ser un dominador se perdió definitivamente.

En cuanto a Stefano Tomasini era el típico italiano escalador (prueba de ello son sus actuaciones en este Giro con maglia bianca incluida o sus victorias en el Trofeo de los Escaladores o la cronoescalada della Futta)pero que solo aguantó 4 temporadas como profesional (del 87 al 90). Tras la prometedora actuación de 1988, su equipo le dió los galones para el Giro 89, pero fracasó. Antes de los 28 años ya estaba fuera del ciclismo profesional, lo que no deja de ser curioso, sobre todo en un ciclismo como el italiano de finales de los 80, donde cualquier corredor de medio pelo que destacara cuesta arriba era considerado una estrella en potencia.

Pelayo dijo...

Vamos, que Tomasini era un Massimilian Lelli de aquellos años.
Si ya lo dicen, que lo difícil no es llegar, es mantenerse.

Julián dijo...

Bueno, tienen similitudes, aunque el Giro de Lelli de 1991 fue infinitamente mejor que el de Tomasini de 1988. El toscano tuvo unas prestaciones excelentes en el Giro de Chioccioli, tuteando al ganador de la carrera, a un Chiapucci siempre batallador y a un Bugno en baja forma pero aún en lo alto de su carrera. Se llevó dos etapas en esa carrera aprovechando su punta de velocidad y además entró en el podio. Y en años posteriores, sobre todo el 93 y el 95, consigue buenos resultados sin llegar nunca a ese Giro 91. Por último, su carrera fue longeva, pues no se retiró hasta el 2004.

A mi al pensar en Tomasini los primeros que se me vienen a la cabeza son corredores como Faustini, Pistore o Pianegonda, que prometieron en algún Giro o Vuelta de mediados de los noventa pero luego se quedaron en nada y tuvieron carreras cortas, de 4 o 5 años.

Por último, corregir un error mío en una respuesta anterior, puesto que la victoria de Bernard en la Vuelta 1990 fue en Valdezcaray, no en Sierra Nevada.

Saludos

Pelayo dijo...

Pianegonda, mira que prometía este. Fue maillot amarillo en la Vuelta de Jalabert, ¿no? y no sé si ganando una etapa con el maillot de Polti, y luego nada de nada.
Faustini era un escalador, pero más bien uno de esos que hace buenos puestos en montaña, sin opciones reales nunca de victoria.
Y Pistore sacó petróleo de sus condiciones quedándose cerca del podio en dos ocasiones en la Vuelta.
Cualquier error es por tirar de memoria y no de wikipedia